Previniendo el bullying en la red un comentario a la vez

Traducción del artículo Want to help prevent online bullying? Comment on Facebook de Nadia Goodman en IDEAS.TED.COM

Siendo la editora de redes sociales en TED, he tenido la oportunidad de leer una gran cantidad de comentarios desagradables. He visto a hombres y mujeres ridiculizar a una niña de 14 años por la elección de su vestido. Los he visto volverse locos por una hermosa mujer trans. En cada charla sobre racismo, he visto buena cantidad de comentarios racistas. Pero nunca había tenido una situación tan problemática como cuando publicamos la charla de Monica Lewinsky El precio de la vergüenzaPor lo menos al principo.

Imagen via iStock, ilustración por Emily Pidgeon/TED.
Publicado originalmente en 
ideas.ted.com el 27 de Marzo de 2015.
Monica Lewinsky. The price of shame. Mar 2015. 2.4M views

Cuando Monica habló en el TED2015, celebrado en Marzo de este año en Vancouver, la audiencia la recibió con un espirítu generoso y acogedor. Muchos de los que desconfiaban se dejaron llevar por su charla. Tuvimos la oportunidad de ver a esta amable, vulnerable, pero fuerte mujer que deseaba ser escuchada — una mujer que era consciente de que estaba en juego el poder dar un mensaje claro a las víctimas de avergonzamiento público. Por esa razón tratamos de darle un espacio seguro a esta persona que lleva años de cicatrices por el abuso público.

Al momento de postear su charla unos días después, la seguridad que habíamos creado en ese recinto, salió volando por la ventana.

Apenas la charla arribó a Facebook, en poco tiempo (para cualquiera que realmente haya visto los 20 minutos del video) el espacio de comentarios se inundó de agresiones e insultos. Zorra, puta, chistes sobre chupar pijas y comentarios sobre como merecía el escarnio público porque “la vergüenza es una parte importante sobre como moldeamos nuestra cultura”Atacaron su persona, su apariencia, sus elecciones, incluso su derecho a vivir. Incluso la culparon de que Al Gore perdiera la presidencia en el 2000 y por los ataques del 9/11.

En general tengo piel de elefante para este tipo de comentarios. En esta profesión he tenido que desarrollar una, aunque por supuesto no disfruto de tener que leer a tipos que me piden que me vuele la cabeza de un balazo, como me ha pasado. Pero nada me había preparado para esto. Tanta efusión y negatividad me bajó las defensas, estaba expuesta a un lado de la humanidad tan viciosa, insensible e implacable que sentía mi soledad existencial en alta definición.

Mientras leí cientos de comentarios horribles, de repente me di cuenta que estaba siendo testigo de una pequeña fracción de lo que Mónica había sentido cada día desde que tenía 24 años, es decir, cada día de su vida adulta. Solo podía comenzar a imaginar que tan profundamente esos comentarios habían formado su autoestima.

Seguramente a todos nos sucede que cuando nos insultan o nos faltan el respeto, nuestra autoestima se ve afectada. Pero que sucediera si todo el mundo te insultara en la cara — ¿por 17 años consecutivos? Claramente el abuso es de otro nivel.

Cuando mi jefe me preguntó por los comentarios, rompí en llanto. Ese profundo momento que Monica había logrado con su audiencia había sido destrozado, y yo luchaba por mantener su espacio seguro.

Sin embargo, perseveramos. Teníamos a tres personas moderando los comentarios, y de una manera agresiva. Si el punto de la charla era tratar el peligro del bullying en la red, de que servía si nos limitábamos solamente a proporcionar un foro para que continuaran con el abuso? Borramos cada comentario que atacaba, faltaba el respeto o intentara avergonzarla, y contestábamos los comentarios positivos para situarlos al tope del hilo de discusión.

Por supuesto que varios no entendieron lo que intentábamos hacer. Una mujer enfureció porque borrábamos los comentarios “anti-Monica”, como si fuera aceptable atacar a Monica por su persona. Otros sentían que estábamos censurando su derecho de libre expresión, una libertad que parecen sentir sin tener en cuenta el daño probable a otro ser humano.

Pero algo interesante sucedió. Luego de horas dedicadas a potenciar los comentarios positivos y purgar los más bestiales, la marea comenzó a cambiar. Usuarios comentaban cosas como:

“Valiente mujer. Mi primera reacción fue negativa incluso antes de clickear — pero luego me di cuenta del punto de la charla y porque ella era la persona perfecta para darla.”
“Quitando de lado la política, respeto el hecho de que la Srta. Lewinsky demande el poder escribir su propia historia. A menudo le permitimos al avergonzamiento silenciar lo que tenemos para decir.”

La inundación de comentarios mordaces se redujo al mínimo.

Si bien tomó mucho más tiempo y trabajo para Mónica, esta es la manera en que nos ocupamos de todos los comentarios negativos. Al marcar claramente que es aceptable y que no, el tono cambia. Las personas que quieren compartir comentarios considerados y pensados comienzan a ver que estos son aceptados, mientras que los odiosos y negativos no lo son. Quizá no cambie las reacciones de los usuarios, pero si cambia la muestra de las voces que eligen expresarse.

Pienso en ese momento de cambio como inmunidad para la comunidad. Cuando las cantidad de voces positivas son mayoría, los comentarios abusivos no pueden moverse ni esparcirse.

Juntos tenemos el poder de proteger a los más vulnerables.

Este fenómeno fue la materialización del mensaje de Monica. Ella nos pide que nos paremos frente a los que son víctimas de abuso en nuestra cultura de avergonzamiento. Nadie merece una carta escarlata, y cuando hacemos pagar a las personas el precio de lo público por sus acciones privadas, estamos demostrando una falla radical en nuestra empatía.

Cuando hacemos notar nuestra voz en descontento por estos problemas, aunque sea sencillamente con un comentario positivo, dejamos en claro que nuestra cultura no da espacio para el avergonzamiento y humillación en público.

En su discurso Monica nos dejó una hermosa línea:

“Hablamos mucho sobre la libertad de expresión, pero necesitamos hablar también sobre la responsabilidad en el ejercicio de ese derecho”

Es hora de que nos hagamos responsables.

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