Los Movimientos Sociales deberían ignorar a las redes sociales

Traducción de Why Social Movements Should Ignore Social Media por Evgeny Morozov. 5 de Febrero, 2013

Hay dos maneras de equivocarse con aquello que llamamos Internet. Una es abrazar la ciber-utopia y tratarla como inherentemente democrática. Dejala correr, dice la canción, e Internet destruirá dictaduras, disminuirá fundamentalismos religiosos y compensará las fallas de las grandes instituciones.*1

Otra manera, más insidiosa, es sucumbir al Internet-centrismo. Este tipo de personas conceden alegremente que las herramientras digitales no siempre funcionan como fueron pensadas y usualmente son usadas por los enemigos de la democracia. Lo que Internet hace es secundario, a ellos solamente les interesa lo que Internet significa, porque sus significados ocultos ya han sido revelados:

la descentralización derrota a la centralización, las redes son mejores que las jerarquías, y las audiencias superan a los expertos.

Para absorber completamente las lecciones de Internet, acude a los Internet-centristas, porque necesitamos reformar nuestras instituciones sociales y políticas a su imagen y semejanza.

Pero llegar a esta agenda reformadora resulta para ellos un poco tortuosa. Primero asumen que Internet tiene una lógica innata en la cual ya está trabajando para cambiar un grupo de plataformas digitales e industrias. Aquí tenemos a Clay Shirky — el pensador que ha hecho todo lo posible para popularizar la idea McLuhaneana de que Internet tiene una lógica coherente — explicando porque estamos tan preocupados por nuestra privacidad y Facebook:

“Facebook es… nuestro principal objetivo en cuanto se refiere a privacidad de la misma manera que la industria musical se obsesionó con Napster y los diarios con Craiglist; es decir: la lógica de Facebook, la lógica que Facebook expone, es, en muchas maneras, la lógica implicita de Internet en sí misma; Facebook es actualmente su propio avatar corporativo.”

Una vez que la lógica elusiva de Internet ha sido localizada, no es raro ver a los Internet-centristasmoverse para desinflar esta novedad. Así Yochai Benkler, un jurista de Harvard y exquisito promotor del Internet-centrismo, se maravilla en los mundos de Wikipedia, el software libre y la circulación de archivos — a las cuales el también las toma como representativas de la lógica de Internet — y luego procede a tejer una extensa narrativa sobre la naturaleza humana.

Para Benkler, Internet prueba que los humanos somos colaborativos, criaturas de bien, y que nuestras instituciones políticas, forjadas de acuerdo a una mirada Hobbeseana más oscura de la naturaleza humana, nunca han podido adecuarse para facilitar una interacción social significativa.

Benkler no considera Internet como una herramienta, sino como una idea que demuestra (y refuta) las teorías filosóficas sobre como funciona el mundo. Internet, para él, revela lo que ha sido verdadero todo el tiempo: que a los humanos nos encanta colaborar.

No debería sorprendernos entonces que Internet solamente ocupa algunos capítulos en su más reciente libro, el resto es Benkler desarrollando su última investigación sobre biología, neurociencia y economía experimental para encontrar el espíritu de Internet en los mundos de Toyota y los pescadores de centolla, de granjeros españoles y la campaña de Obama del 2008.

Este intento de redescubrir la realidad en términos y categorías de una supuesta coherencia de la cultura de Internet es el núcleo detras del Internet-centrismo. Al definir lo que es cognoscible, en qué terminos y con qué fines, se produce la propia epistemología. Analíticamente es similar al antropocentrismo — solamente adora a una deidad diferente. Muchos de los adherentes del Internet-centrismo se han callado sobre su cuasi-religión. Pero con la publicación de Steven JohnsonFuturo Perfecto, finalmente ha surgido un manifiesto escrito que destila todos los principios de su visión del mundo, y agrega bastantes detalles propios.

Al igual que Shirkly y Benkler, Johnson lidia con esta complicada pregunta sobre qué significa Internet. Su conclusión, lamentablemente, no es muy original:

La historia de Internet nos dice que la descentralización es preferible a la centralización.

Y, citando a Steve Jobs, “Funciona!”. Entonces, los protocolos iniciales de Internet fueron construidos en el principio de conmutación de paquetes, en dónde el contenidos es dividido en pequeños paquetes que son enviados separadamente para ser rearmados en la recepción. No hay necesidad de una autoridad centralizada: los paquetes podían viajar por una miríada de caminos independientemente del resto.

Los amigos de Google y Wikipedia también se fundamentan en la descentralización; por ejemplo Google, jeraquiza sus sitios a partir de la relevancia generada por la cantidad de sitios que se enlazan entre sí. El índice de relevancia de Google emergente, entonces, de las decisiones individuales de los millones de usuarios, no está planificado de manera centralizada.

Johnson incluso clama que la creación de ARPANET, — el precursor de Internet creado en el Pentágono — y la TCP/IP — el protocolo más importante de comunicación en al red — son hitos en la historia de al filosofía política.*2

Esta es una afirmación importante, en la cual Johnson argumenta que:

“ARPANET fue un sistema radicalmente descentralizado que de alguna manera surgió de una agencia verticalista”

Steven Johnson

Ese sistema, a su vez, descansaba en “dinámicas fluidas que carecían de jerarquías y control centralizado.”. Johnson denomina a esas estructuras fluidas “redes de pares” — para él, esta es la verdadera moneda de cambio de Internet, y como también resulta, muchos proyectos que predecedieron a Internet. (Aquí, como con Benkler, vemos la lógica de Internet en acción en contextos donde no hay Internet o previos a su llegada)

Con Johnson argumentando que la descentralización no solamente ha propulsado el crecimiento de la infraestructura de internet, sino también proyectos como Wikipedia, volvemos al mundo de los Internet-centristas y la idea de que existe una coherencia lógica a Internet y sus componentes: el hardware, software, plataformas y sus usuarios.

Esta lógica no podrá resolver todos los problemas del mundo, pero Johnson cree que debería ser nuestra respuesta estándar a todos los problemas político-sociales actuales: Esta lógica no podrá resolver todos los problemas del mundo, pero Johnson cree que debería ser nuestra respuesta estándar a todos los problemas político-sociales actuales:

“cuando una necesidad surge en la sociedad que no puede ser resuelta, nuestro primer impulso debería ser organizar una red de pares para resolver este problema.”

Como no podemos cambiar al mundo entero cuando sabemos que algo tan improbable como Wikipedia realmente funciona? “Wikipedia es solamente el comienzo” se entusiasma Johnson. “Podemos aprender de su éxito para crear nuevos sistemas que resuelvan los problemas de la educación, gobierno, salud, comunidades locales, y muchas cosas más”

Los proyectos como Wikipedia son solamente otro recordatorio de que la lógica de Internet es la manera correcta de recorrer el mundo; cuando remodelemos nuestras instituciones o prácticas de manera acorde, seguramente resolvamos los problemas más difíciles.

Para Johnson, Internet no es la solución, sino una manera ingeniosa de pensarla.

“Uno podría usar directamente Internet para mejorar las vidas de las personas, pero también aprender la manera en que Internet fue organizada, y aplicar esos principios para ayudar a mejorar la manera en que los gobiernos locales funcionan, o los sistemas educativos que enseñan a los estudianes”

¿Pero que tipo de solución es esta? ¿Es Johnson un liberal disfrazado? Despues de todo, su agenda suma la reducción del estado, desbancar reformas costozas, y reemplazarlas con soluciones ascendentes extraídas de modelos como Wikipedia. Pero estas posibles críticas son desmanteladas a partir de la introducción de su propia ideología — “progresismo entre iguales (peer progressivism)” — que postula la necesidad de preservar a los grandes gobiernos y mantener el espíritu de la reforma vivo, pero a la vez presionar a los burócratas a que adopten pensamientos amigables a los tiempos de Internet, recordándoles que las redes y las audiencias son más inteligentes que los individuos.

Para este fin, Johnson juxtapone el acercamiento de Kickstarter — plataforma en línea en la cual las industrias creaativas pueden reunir dinero a partir de sus fans — con la visión verticalista de la National Endowment for the Arts (NEA). Notando que en 2012 Kickstarter reunió más dinero que todo el presupuesto de la NEA, Johnson argumenta que, en vez de desguazar a la NEA, deberíamos preguntarnos como hacerla más parecida a Kickstarter.

De la misma manera podemos aplicar esas lecciones en cualquier lugar: Johnson suplica a los gobiernos que imagen como “los núcleos principales que gobernaron el diseño de la Red podrían ser aplicados para resolver diferentes problemas — los problemas que confrontan los vecindarios, artistas, farmacéuticas, los padres, las escuelas.” El argumento de Johnson se reduce a esto: antes de Internet, nuestras instituciones no eran participativas, descentralizadas y verticalistas como Wikipedia y Kickstarter. Hoy pueden serlas, y deberían serlas.

“No teníamos Wikipedia o Kickstarter antes de Internet porque el costo organizacional de conectar a todas estas personas era prohibitivo”

Ahora que los costos han caído, tenemos buenas razones para que las jerarquías dejen de existir. Pero para toda esta charlatanería filosófica, Johnson no hace ni el mínimo esfuerzo para hacerse preguntas filosóficas básicas.

¿Y si los límites de la participaciones democráticas en la era pre-Wikipedia no eran consecuencia de los altos costos comunicativos; sino un deliberado esfuerzo para exterminar el populismo, prevenir la cooptación o proteger las decisiones de los expertos? *3

En otras palabras, si algunas instituciones públicas evitaban la participación ampliada por razones que no tienen nada que ver con la facilidad de conectividad, ¿no es entonces Internet una solución a un problema que no existe?

Para entender por qué Johnson nunca pondera esta pregunta obvia, sería importante trazar donde el autor localiza sus batallas políticas. Su lugar preferido de análisis es el de la escala de ciudades; poco dice sobre el Estado-Nación o el sistema internacional de países. Su ejemplo favorito de progresismo de pares— es la línea 311 de Nueva York (el 147 de la Ciudad de Buenos Aires), lugar donde cualquiera que busca información sobre un problema de la ciudad es recibido por un operador y redireccionado al departamento correspondiente, y la iniciativa SeeClickFix que permite a cualquiera que use Internet la posibilidad de reportar un problema (que no sea una emergencia) del vecindario —todo alrededor de navegar o arreglar la infraestructura urbana.

¿POLÍTICA EXTRANJERA ESTILO CROWDSOURCE?

La popular campaña “Kony 2012” llamó la atención de jóvenes de todo el mundo (Flickr/Chelsea Hicks)

Mejores sistemas de agregado y distribución del conocimiento seguramente ayuden a resolver muchos problemas, pero eso problemas son de una naturaleza peculiar.

¿Puede ser que la oposición de Washington a intervenir en Syria — para tomar un ejemplo extremo — sea un problema de falta de conocimiento? ¿O se debe más a un déficit de voluntad o principio ético?

¿Extender la lógica participatoria de Kickstarter a favor de Instituciones como la NED o el Personal de Planificación Política del Departamento de Estado resultaría en que se mejoren la promoción de la democracia?

U obtendrá mejores resultados los llamados a buscar a Joseph Kony?*4 Bajar las barreras a la participación no podría resultar en una parálisis del estado, como algunos dirían que es el caso con la proliferación de las iniciativas electorales en California?

Muchas de nuestras instituciones políticas se enfrentan a problemas regularmente que no son el resultado de deficiencias de conocimiento. La fijación de Johnson en las ciudades, de todas maneras, lo lleva erróneamente a concluir que muchos de los problemas provienen de las lagunas de conocimiento que pueden ser fácilmente rellenadas con más datos. Nunca menciona que algunos problemas (incluso a nivel de la ciudad) solo pueden ser mitigados — a través de negociaciones, porque esos problemas surgen de los intereses creados, no de falta de conocimiento. Johnson vive en un mundo pos-ideológico, donde la historia ha finalizado y la política ha sido reducida a resolver baches y patentar aplicaciones. Pensá como Palo Alto, no Palo Alto del Este.

En este mundo, el único mal que existe es el de los burócratas que se rehusan a publicar bases de datos en formatos de archivos accesibles para todos.

Proyectos como el 311 y SeeClickFix son recibidos sin mucha oposición. Después de todo, ¿quién se opondría a una forma sencilla y rápida de resolver el problema de los baches? Pero los presupuestos participativos — otro de los ejemplos favoritos de Johnson de los pares progresivos — no son para nada así. Esta reforma fue comenzada en la ciudad brasilera de Porto Alegre y rápidamente se espació al resto del globo. Su punto principal es que las comunidades locales tengan algo para decir en como se usan los presupuestos. Esta modalidad es mucho más participativa que el 311, dado que busca tomar poder de un grupo específico — los gobernadores elegidos y los oficiales designados por ellos, incluso los lobbistas inmobiliarios que han cultivado relaciones para sobornarlos — y reubicarlo en otro que ha sido marginado: los ciudadanos.

En el mundo de Johnson, estas transferencias de poder ocurren suavemente. No es difícil ver por qué: su teoría política de Internetcentrismo es hueca. Wikipedia, recuerden, ¡es un sitio donde todos pueden editar! Como resultado, Johnson no toma en cuenta el trasfondo de las condiciones de poder y las inequidades de la estructura en las cuales sus brillantes ideas de reformas se introducen.*5

Una vez que se tienen en cuenta estas condiciones de fondo, resulta mucho menos obvio que incrementar la descentralización y participación son siempre deseables. Incluso Wikipedia nos cuenta una historia mucho más compleja sobre el empoderamiento: si, cualquiera puede editar, pero no cualquiera puede ver sus ediciones intactas por la posteridad. Esto último depende de las políticas y luchas de poder dentro de Wikipedia.

El tratamiento de la cuestión de poder en Johnson convierte sus argumentos en un cuento de hadas. Tomemos por ejemplo el presupuesto participativo. Académicos han identificado tres desafíos — implementación, inequidad y cooptación — que vienen a plagar tales reformas.

La primera surge naturalmente, dado que tanto gobiernos e incluso ONG’s son cuidadosas de compartir el poder de los presupuestos con los ciudadanos. La segunda es fácil de entender: a los miembros más débiles de una sociedad no les atrae este tipo de esquemas, dado que no tienen tiempo para estar atendiendo a estos encuentros y la falta de confidencia para hacer escuchar sus voces. Y finalmente, los presupuestos participativos son usados para domesticar — o cooptar — agrupaciones sociales conflictivas. Al darles un pequeño presupuesto para que pueda jugar e integrándolos a las estructuras estatales, el gobierno puede neutralizar a los poderosos jugadores no-estatales.

Los tres problemas pueden ser resueltos, a partir de que los grupos sociales más débiles aprendan a organizarse, generar alianzas, y rechazar el amiguismo estatal. En Porto Alegre, donde se originó la práctica, los tres fueron efectivamente resueltos. Pero Johnson nunca menciona como esto se logró: este reforma fue una de las banderas de campaña del programa del Partido de los Trabajadores, que gobernó Porto Alegre entre 1989 y 2004. *6 La idea de una participación ampliada de la comunidades no solo reflejaba los ideales más de izquierda del partido, sino también fue una herramienta para derrocar el clientelismo que por décadas azotó la reforma política en Brasil.

“WE BUILT THIS CITY”

El experimento de Porto Alegre triunfó porque hubo un esfuerzo centralizado para que funcionara. La centralización fue el medio por el cual la descentralización fue conseguida. Sin una buena jerarquía organizada y centralizada que sirviera de estructura para luchar contra los intereses creados, los intentos de hacer una política más participativa hubieran fracasado. Este es el caso antes de Internet, y seguramente lo sea luego.

Pero Johnson está completamente ciego a las virtudes de la centralización. Discutiendo el 311, el destaca el hecho de que las personas que llaman a la línea ayudan a crear una mejor visión macro de los problemas de la ciudad. Pero es un pensamiento trivial comparado con la principal razón del funcionamiento del 311: el intendente Bloomberg decidió centralizar — no descentralizar — los modelos previos de reportes telefónicos. Así es como Accenture, la firma que ayudó a Nueva York a cambiar su sistema, describe los orígenes del proyecto:

“Antes del 311, los clientes que buscaban asistencias del gobierno debían confrontarse ante más de 4000 entradas en 14 páginas de la guía telefónica, y más de 40 centros de atención distintos eran requeridos para dirigir todas estas dudas. La visión del intendente fue la de diseñar un Centro de Atención Telefónico que fuera de alto rendimiento, centralizado, y accesible a través del número 3–1–1.”

La mirada Internet-céntrica de Johnson lo lleva a ver todo tan descentralizado, horizontal y emancipatorio que se olvida del alto grado de centralización de su ejemplo. La misma crítica puede hacerse a su tratamiento de Internet. Si Johnson hubiera elegido mirar más de cerca alguno de los proyectos que celebra, encontraría mucho de sistemas centralizados.*7

Consideremos a Google: cuando se trata de datos de usuarios, Google utiliza hoy en día una operación mucho más centralizada que hace cinco años. En el 2008, mis búsquedas en Google no estaban para nada relacionadas con mis búsquedas en Youtube o a mis eventos en Calendar. Gracias a la nueva política de privacidad de Google, todas ellas están conectadas, y Google, al centralizar todos sus datos, puede mostrarme resultados más precisos. Pero no cuentes en que los Internet-centristas incluyan esto dentro de su mística categoría de “la lógica de Internet”

Johnson no indica si existen límites para la descentralización, ni tampoco puede explicar que necesita seguir siendo centralizado, aunque sea temporalmente. En cambio, opta por identificar el espíritu de Internet en los sucesos de la política actual. Por ejemplo, al escribir sobre el movimiento de Occupy Wall Street, nota que “Internet creció para ser el medio de comunicación dominante de nuestra era, y los movimiento sociales deberían parecerse cada vez más a Internet, aún cuando estuvieran cantando consignas en el medio del parque.” Esto, para Johnson, es invariablemente una buena noticia: más descentralizado y horizontal, más chances de triunfo para ese movimiento.

Si Occupy Wall Street obtuvo su forma gracias a Internet o las ideas del Horizontalismo — primero evidenciado en Argentina en el 2001 y promocionado por la activista Marina Sitrin, en la década que siguió — es algo a debatir, pero Johnson no gasta pólvora en estos temas o explicaciones alternativas. *8

Pero aún asumiendo que Johnson está en lo correcto y que la idea de que Internet efectivamente es una fuente sobre como los movimientos sociales operan hoy en día, no es inmediatamente obvio por que este es un modelo que valga la pena perseguir. No todos creen que Occupy Wall Street es un completo éxito.

Además, ¿que significaría este modelo puesto en práctica? Para Johnson, significa un cambio de las jerarquías a las redes, de la centralización a la descentralización, de los líderes a las estructuras horizontales. Hay dos posibles respuestas a estos reclamos. Uno es asumir que tales cambios descansan en una teoría fantástica de como los movimiento sociales funcionan. La otra es conceder que, si bien la descentralización es posible, nada asegura que, hablando de efectividad, la descentralización le gana a la centralización.

La primera mirada — que los movimiento sociales nunca podrán lograr trascender de las jerarquías y ser reemplazadas con redes horizontales — fue expresado por Jo Freeman en 1972 en su ensayo “Las Tiranías de la Desestructuralización”. Freeman argumenta que las jerarquías seguirán emergiendo de todas maneras, y pretender que las mismas nos existen sencillamente permite a los líderes escapar al reconocimiento o pedido de cuentas. Internet no ha alterado estas dinámicas de manera fundamental. Si algo ha cambiado o complicado, han sido la multiplicación de los canales de comunicación que las elites puedan llegar a controlar. Consideremos la opinión de uno de los protestantes de Occupy quien escribió este provocativo posteo en The Daily Kos:

Unas de las consecuencias en la dificultad y tiempo que consumía participar en este movimiento es que los integrantes más importantes dejaron de aparecer. Bueno, no exactamente así, aparecían, pero solo para conversaciones triviales o juntadas informales. Usando las redes sociales, formaron una guía invisible que simultáneamente hacía las cosas, pero evadía las rendiciones de cuentas y generaba confrontaciones entre las facciones del movimiento… sabés que es peor que las viejas elites? Una elite varialmente visible que niega ser una elite y en la que no podés tener en cuenta.

Pero estas elites nunca pudieron proveer la maquinaría centralizada efectiva que el movimiento necesitaba para convertir a millones de personas curiosas sobre lo que sucedía en Wall Street. Esta falla puede ser parcialmente adjudicada a la ausencia de demandas coherentes, pero también puede culparse a la pobre organización del mismo, que es usualmente lo que sucede cuando algo está descentralizado. Entonces, mientras que Occupy Wall Street tuvo muchos líderes desconocidos, no tuvo estructuras intermedias para escalar en la misma; estas — como tienen las elites ocultas — no salen de un repollo. Otro participante lo pone de esta manera:

Algunos sistemas emergieron para atraer nuevos participantes. Pero estos sistemas… no eran para nada efectivos a lo que necesitábamos… alginos de los correos electrónicos que flotaban como primer punto de contacto no fueron organizados, acumulando casi 11,000 correos sin contestar… Los encuentros eran anunciados en un lugar y luego se mudaban a otro. Los nuevos que aparecían para trabajar en las reuniones pasaban sus nombres en una lista pero no volvían a ser contactados. Fueron casi cuatro mesas desde que comenzó la ocupación y ni siquiera existía una página para inscribirse. Carajo, ni siquiera existía una página web oficial que representara a OWS.

Si uno asume que las reformas políticas son largas, extensas y dolorosas, las jerarquías y las estrategias verticalistas pueden ser productivas. Después de todo, pueden mantener el objetivo del movimiento y darle una forma coherente.

Las ideas en sí mismas no cambian al mundo; las ideas que se acoplan a instituciones inteligentes quizá si.

“No solamente con memes” podría ser una gran consigna para los movimientos sociales contemporáneos. Además, este pensamiento básico — que las reformas políticas no pueden ser reducidas a una guerra de memes, aún cuando Internet ofrece plataformas efectivas que las alientan — estuvo mayormente perdido en la multitud del OWS.*9

Desafiar el poder requiere de una estrategia que en muchas circunstancias podría favorecer a la centralización. Rechazar esta última por motivos filosóficos y no estratégicos — porque es anti-Internet o anti-Wikipedia — roza con lo suicida.

LLÉVAME CON TU LÍDER

An Occupy Wall Street march in New York. (Getty/Emmanuel Dunan)

Esta antipatía con las jerarquías y sus líderes son parte de una reacción más amplia ante las instituciones; que son pensadas de ser incompatibles con la lógica de Internet.

Este sesgo anti-institucional es más visible en la discusión de Johnson sobre la política estadounidense. Él cree sinceramente que una manera de mejorarla es deshacerse de las molestias que traen los partidos políticos, líderes y otras instituciones mediadoras, para luego permitir que los ciudadanos emitan votos directamente sobre asuntos que les interesan o delegar esos votos a personas más informadas — un mecanismo de delegación que Johnson llama “Democracia líquida”. En 2005, en un ensayo que previó mucho de los temas que Johnson trataría en Futuro Perfecto, el mismo utilizó uno de sus temas favoritos — sociobiología — para argumentar que, si tuviéramos las herramientas adecuadas, los líderes ya no serían necesarios:

De la misma manera que las hormigas encuentran su camino hacia nuevas fuentes de alimentación y cambian de tareas con una flexibilidad impresionante, las herramientas de nuestra comunidad debería ayudarnos a localkizar y mejorar las escuelas, las plazas de juegos, áreas con falta de servicios básicos y las que tienen una abundancia, cuadras que se sienten seguras de noche y cuadras que no — todas los patrones sutiles de la vida cotidiana hecha pública en una nueva forma. Este tipo de políticas —construidas desde cero, sin líderes — está verdaderamente a nuestro alcance en este momento, si podemos construir las herramientas adecuadas.

En Futuro Perfecto, Johnson empuja esta retórica aún más lejos, escribiendo que “las instituciones se han atascado en viejas formas de organizar al mundo”; han forzado al electorado a “distorsionar su cosmovisión política para que quepan en los agujeros de dos partidos.” Esta es una explicación bastante rara de la longevidad del sistema partidario. Muchas democracias fuera de Estados Unidos tienen más de dos partidos principales; los agujeros binarios de los que Johnson se queja no son una característica de una cierta división existencial entre las formas viejas y nuevas de organización, y ciertamente tampoco las consecuencias de una infraestructura de comunicaciones inadecuada.

Johnson cree que el viejo sistema de partidos políticos es malo porque simplemente no es compatible con Internet. Nunca se detiene a examinar que papel positivo han tenido los partidos políticos — y el partidismo de manera más amplia — en la historia de Estados Unidos. Nancy Rosenblum y Sean Wilentz han publicado argumentos históricos y sofisticados en defensa del partidismo político, pero Johnson no le da mucha importancia al hilado fino; el encuentra los partidos políticos asfixiantes en comparación con… Wikipedia.

¿A dónde nos llevará exactamente la democracia líquida? En una nota al pie, el explica que “el Partido Pirata Alemán ha implementado algunas técnicas de la democracia líquida con cierto éxito en los últimos años.” “Un cierto éxito” es una exageración grosera, pues su éxito inverosímil en Alemania parece haber sido bastante efímero. Pero de todas maneras, los Piratas han adoptado toda el imaginario y retórica de Internet; ellos viven en carne el Internet-centrismo. Obsesionados con el proceso — descentralizado y horizontal por supuesto — ofrecen pocas metas y posiciones políticas.

Peor, piensan que esa falta es realmente un activo político; como el portavoz del partido declaró en 2011, “Lo que estamos ofreciendo no es un programa, sino un sistema operativo”.

Un partido que no tiene definiciones políticos en temas más allá de los derechos de autor, censura y privacidad, los Piratas aún son un misterio para la mayoría de los votantes, quiénes han perdido su entusiasmo inicial por estos jóvenes cool. Si alguna vez pasaron el doble dígito en las encuestas, hoy en día con suerte alcanza el 5% para pasar a las elecciones principales. La falta de liderazgo y una disciplina básica dentro del partido — algunos de sus miembros van en pantalones corto a las sesiones — los han convertido en un chiste nacional.

ABANDONEN EL BARCO

The Pirate Party of Western Germany finds itself losing political power. (Getty/Patrik Stollarz)

La retórica de la democracía liquida que abrazan los Piratas, donde todos pueden participar y delegar los votos entre sí, no ha funcionado en la práctica; incluso el software más poderoso no alienta a los ciudadanos a pie a pensar sobre las cuestiones monótonas y triviales de las que está formada la política. En Octubre de 2012, en el Norte de Rhine-Westphalia — una región con 18 millones de habitantes — los Piratas usaron su programa de marca registrada “Liquid feedback” para tomar opiniones sobre dos temas. Una encuesta trató sobre la controversial prohibición de la circuncisión: la misma solo atrajo a 20 votantes. Como el Der Spiegel publicó: “Es una democracia de base donde nadie se presenta para participar”.

Cualquiera que esté familiarizado con las críticas a la democracia directa no encontraría esto sorprendente.*10

El intento de reformar la política necesita comenzar con el principio básico de las propias limitaciones de la política, y no solo babearse con las oportunidades infinitas de las tecnologías digitales.

Los Piratas tomaron la idea de Internet seriamente — solo para descubrir que los ritmos y rituales de la vieja política no se derivan meramente de tecnologías inferiores, sino que reflejan ideas sobre la naturaleza humana, el poder y la justicia. Las relaciones entre los seres humanos tienen muchas más capas de complejidad que las de las hormigas; hay desigualdades, asimetrías y agravios que se encuentran en todas las capas — y lo que pueda verse como ineficiencias o brechas de participación o transparencias, quizá sean los tejidos protectores que permitan a las sociedades liberales funcionar.

Esta falta de curiosidad sobre como el mundo funciona es la característica más perniciosa del Internet-centrismo. Armados con Internet, sus defensores no se preocupan mucho por el objetivo más amplio de su reforma. Prefieren notar solamente aquellos elementos susceptibles de ser intervenidos en Internet y descartar todo lo demás. Johnson nunca afirma en realidad lo que le molesta acerca de la NEA, y por qué necesita ser más como Kickstarter; para él, hacerlo compatible con Internet es lo único que importa. Nunca se pregunta qué es lo que la NEA realmente hace, cómo establece su agenda, y lo que espera lograr.

¿El tipo de expertos en que la NEA se basa son de conocimiento aditivo? ¿Es el conocimiento acumulativo de diez críticos de arte wannabe en Kickstarter igual al de un experto que trabaja en el NEA? ¿Aumentará la participación en la financiación de la NEA si se realiza la apertura a la manipulación de los activistas del Tea Party financiados por Koch, dirigiendo la financiación a proyectos socialmente conservadores? ¿Los cineastas que reciben más me gusta en Facebook harán las películas más provocativas? ¿Es la provocación algo que nuestra política artística debería cultivar? Estas son las preguntas que cualquier persona relacionada con la reforma de la NEA no puede evitar hacerse. Pero Johnson no está interesado en reformar la NEA — sólo le interesa imponer sus soluciones Internet-céntricas en todo.

El libro de Johnson sería notable si su Internet-centrismo — y los severos límites intelectuales que ha impuesto a su narrativa — no fueran tan severos. Lo que Future Perfect revela muy claramente es que hemos llegado a un punto en el que tanto académicos e intelectuales que tratan con Internet se enfrentan a una elección entre dos métodos de investigación mutuamente excluyentes.

Uno — consecuencia del Internet-centrismo — está impulsado a totalizar y generalizar; el otro por el impulso de desagregar y particularizar. Uno tiene espacio para Internet y poco más; el otro se abstiene de hablar de “Internet”, y habla de ella en pequeñas cuotas, y se involucra solamente con las plataformas y las tecnologías en sus propios términos, como si no compartieran ninguna lógica en común.*11 En lugar de suponer que estas tecnologías surgen de “Internet”, este segundo enfoque supone que “Internet” — como idea o como una red técnica — emerge de esas tecnologías.

El enfoque totalizador intenta recolectar percepciones dispares y a menudo incomensurables, para encajarlas en alguna gran narración sobre el despliegue del espíritu de Internet. El enfoque particularizador rechaza cualquier tipo de conversación espiritual; en su lugar, pretende documentar la multiplicidad de lógicas y paradojas de las que se compone realmente “Internet”.

Este último enfoque sabe que las redes no son inherentemente liberadoras; dependiendo de cómo los nodos están conectados entre sí, las redes pueden ser mucho más tiránicas, opacas y antidemocráticas que las jerarquías.

El enfoque de totalizador asume que un sitio como Kickstarter es simplemente un mediador directo a través del cual se puede expresar la voz de la gente; la particularización busca mirar dentro de los algoritmos de Kickstarter y entender cómo se manipulan.

El primer enfoque supone que, en Internet, “las cosas se vuelven virales”; este último investiga cómo se produce tal “viralidad”, cómo se crea la popularidad en cada plataforma, y ​​cuyos intereses — los de los anunciantes, los propietarios de la plataforma, o los usuarios— se potencian en el proceso.

La ventaja del enfoque particularizante sobre el totalizador es que este puede explicar cómo surge una idea como “Internet” en el discurso público, cómo se muta con el tiempo y con qué fines ideológicos podría servir en un momento determinado. (Siempre que escuches frases como “Esto no funcionará en Internet” o “Esto romperá la Internet”, es una buena señal de que alguien está desplegando “Internet” para promover su agenda política).*12

Los totalizadores seguirían felizmente a Johnson en la búsqueda de respuestas a preguntas como “¿Qué quiere Internet?” — como si Internet fuera una cosa viva con su agenda y derechos. Citando una reciente columna de Al Jazeera:

“Internet no es un territorio a ser conquistado, pero si una vida para ser preservada y permitida de evolucionar libremente… al entender a Internet como una forma de vida que es en parte humana, se deduce que Internet tiene derechos.”*13

Esta es la clase de locura que debemos evitar.

Los particularizadores no invocarían “Internet” para embarcarse en un intento quijotesco de reformar la vida democrática; pero los totalizadores, en su creencia casi religiosa, lo harían con mucho gusto.

Una buena explicación de Internet nunca tendría que mencionar esa terrible palabra. Este requisito estricto podría arrancar a la mayoría de nuestros pensadores de Internet de la platea de generalizaciones banales y erróneas donde han residido durante las últimas dos décadas; después de todo, es la misma noción de “Internet” lo que les ha permitido permanecer allí durante tanto tiempo.

Ahora que el Internet-centrismo no es sólo un estilo de pensamiento sino también una excusa para una ideología política ingenua y dañina, los costos de dejar pasar su influencia corrosiva pasan desapercibidos se han vuelto demasiado altos.

Notas al pie:

  1. The Digital Sublime: Myth, Power, and Cyberspacepor Vincent Mosco El libro de Mosco ofrece una intrigante genealogía de varios mitos sobre la supuesta naturaleza revolucionaria de Internet.
  2. Where Wizards Stay up Late: The Origins of the Internet por Katie Hafner. El libro de Hafner es ampliamente reconocido como una de las mejores guías de la historia de Internet.
  3. Este afilado ensayo del filósofo político Joshua Cohen, contiene una sección excelente y concisa sobre las tensiones entre la participación y la deliberación, explicando por qué más participación no siempre lleva a mayor deliberación.
  4. Esta edición especial del Journal of Human Rights Practice contiene un intrigante número de perspectivas sobre el fenómeno Kony2012 y que significó para los activistas por los Derechos Humanos.
  5. Este ensayo por Cohen y Rogers es un excelente trabajo que resalta la necesidad de seguir pensando las varias formas que apunten a incrementar la participación y deliberación a través del lente de las relaciones de poder y las desigualdades. (NdE: se borró el ensayo)
  6. Esta corta, pero analíticamente poderosa, historización del surgimiento del presupuesto participativo en Porto Alegre y su esparcimiento por todo Brasil. Para una mirada más reciente, ver el libro de Gianpaolo Baiocchi’s
  7. Google and the Culture of Searchpor Ken Hillis, Michael Petit, and Kylie Jarrett. One of the best and most theoretically rigorous takes on the search giant.
  8. Horizontalism: Voices of Popular Power in Argentina por Marina Sitrin. An oral history of Argentina’s horizontalism movement.
  9. Un auto proclamado aquitecto de Occupy Wall Street y editor de Adbusters ofrecen esta mirada sobre el poder de los memes (entre otras cosas) en su último libro (que lleva por título “La guerra de los Memes”)
  10. Aquí un argumento bien pensado sobre los numerosos problemas implícitos en los modelos de democracia directa.
  11. En su libro, Ian Bogost avance en un enfoque similar al entendimiento de las múltiples lógicas insertadas en un solo medio —él las llama “microecología mediática”
  12. Andrew Orlowski ofrece polémica en The Register sobre como las consignas como “no rompas Internet” empobrecen nuestro debate sobre la tecnología.
  13. Hice una cobertura similar en mi crítica al libro de Kevin Kelly What Technology Wants.

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