Camarada Bezos

El plan de Amazon para incrementar la eficiencia comercial tiene sus sombras. Traducción de “The Singular Pursuit of Comrade Bezos” por Malcolm Harris.

Fue explícita y deliberadamente un trinquete, diseñado para generar el efecto de un sólo sentido que nos guíe de la escasez a la abundancia, aumentando la producción cada año, todos los años, año tras año. Nada más importa: no son las ganancias, no el promedio de accidentes en el espacio de trabajo, ni siquiera el efecto de las plantas en la tierra o el aire. El éxito de esta economía planificada es medido en términos de la cantidad de objetos que produce.

— Francis Spufford, Red Plenty

Pero, ¿no es el objetivo de una empresa generar ganancias? No es Amazon, al menos no en el sentido tradicional. Jeff Bezos sabe que el flujo del efectivo le da a la compañía el dinero que necesita para invertir en todas las cosas que lo mantienen adelante de sus competidores, y la habilidad de recuperarse de equívocos como el Fire Phone. Hacia arriba y la derecha.

— Recode, “Amazon’s Epic 20-Year Run as a Public Company, Explained in Five Charts

Desde un punto de vista financiero, Amazon tiene un compartamiento errado para una empresa del siglo XXI. No ha comprado sus propias acciones desde 2012. No ha ofrecido nunca a sus accionistas un dividendo. Al contrario de las otras GAFA, no acumula efectivo. Solo recientemente ha comenzado a registrar, de manera predecible, pequeñas ganancias. En cambio, apenas consigue recursos, Amazon invierte en capacidad, que resulta en un crecimiento increíble. Cuando la empresa logró acumular casi $13,8 mil millones de dolares, compró Whole Foods por $13,7 mil millones.

Como referencia de Recode (el cuadro a la izquierda): Amazon tardó 18 años, como empresa pública, en alcanzar a Walmart en su capitalización del mercado, pero sólo dos años más en duplicarlo. Más que una corporación que busca ganancias, Amazon se comporta como una economía planificada.

Si hay una historia que los estadounidenses criados pos caída del Muro del Berlín conocen como las economías planificadas, apuesto lo que quieran que es Boris Yeltsin en supermercado de Texas.

When Boris Yeltsin went grocery shopping in Clear Lake

En 1989, recientemente elegido para el Soviet Supremo, Yeltsin llegó a Estados Unidos, en parte para visitar el Johnson Space Center ubicado en Houston. Pero en un hueco protocolar, la delegación frenó en un supermercado local. Las fotos del diario Houston Chroniclecaptaron la escena: Yeltsin observando gelatinas e inspeccionando cebollas.

La planificación no podría nunca controlar las incalculables variables que el capitalismo ejerce en la incansable máquina del consumismo.

De acuerdo a la historia, los estantes desbordados de productos desesperaron a Yeltsin, y lo convirtieron en un reformador económico que marcó el fin del socialismo de estado como una fuerza global. Esto es lo que nos enseñan en las escuelas públicas, junto al cuento de Orwell “Rebelión en la granja”: las economías planificadas no funcionan.

Han pasado 30 años, pero si el Camarada Yeltsin hubiera visitado uno de los supermercados más avanzados de Estados Unidos, no se sentiría tan mal. La periodista Hayley Peterson resume de manera muy clara en su investigación: “Ver llorar a los empleados es el nuevo normal”: Whole Foods usa tarjetas de puntaje para aplicar castigos.

La tarjeta en cuestión mide la conformidad con la gestión del inventario en el sistema de Whole Foods SEM — OTS (Sobre el mostrador — On the shelf). El SEM es exhaustivo, reemplazando un sistema previamente descentralizado por uno con estándares milimétricos. Estos incluyen entregar la comida desde los camiones directo a los mostradores / estantes, esquivando el costo de usar los almacenes. Esto ha resultado en muestras que no han podido derribar a Corea del Norte, ¿se ha topado Bezos con serios problemas en la planificación?

A pesar de que el SEM ya estaba puesto en juego antes de que Amazon comprara Whole Foods en Agosto del corriente año, las historias sobre los forzamientos acompañados de lágrimas encuadran con la ética de Bezos y su reputación. Amazon es famosa por su persecución del crecimiento constante y con eficacias a larga escala, incluso cuando los trabajadores encuentran estos sistemas tortuosos y tampoco tienen sentido para los clientes. No te preocupes si recibís un pequeño producto en una caja enorme, tu pedido es solamente una pequeña pieza en un rompecabezas tan enorme y rápido que ningún humano podría comprender. Si vemos a Amazon como una economía planificada antes que un jugador más del mercado, todo comienza a tomar forma: le agradeceremos a Jeff más tarde, cuando el plan funcione. Y efectivamente, con nuestro dinero, lo haremos.

Ciertamente pensar Amazon como un “jugador del mercado” es pifiar el punto en cuestión. El almacén más grande del mundo no utiliza un precio sugerido para la venta: impone el propio. Los autores de libros (por utilizar un ejemplo) reciben regalías diferencialmente bajas respecto de otros productos porque Amazon logra en su sitio bajar los precios para las editoriales, quiénes a su vez lo trasladan a sus escritores. Pero para los consumidores: ¡funciona!

No sólo los libros son mucho más baratos en Amazon.com, el sitio también contiene un stock enorme que puede ser entregado a la puerta de tu casa dentro de los dos días, inluso con envío gratis si tenés la ciudada… eh membresía de Amazon Prime. Las casi diez librerías que frecuentaba en mi secundaria han cerrado, pero nuestro acceso a la literatura ha mejorado exponencialmente — al menos hasta donde podemos medir. Es difícil esperar que los consumidores se angustien lo suficiente para cambiar este comportamiento.

A pesar de que la intención es crecer en una sola dirección, las economías planificadas siempre destruyen mientras construyen. En 1930, la Unión Soviética obligó a la colectivización de los kulaks, o campesinos prósperos. Las pequeñas granjas se incorporaron un sistema agrario mayor. Dependiendo a quién le preguntás se trataba de un genocidio comparable al Holocausto o catapultó lo que había sido una extensión de campesinos del tamaño de un continente a una superpotencia moderna.

Los pequeños locales diezmados (las librerías en particular) son una especie de colectivización, purga de los pequeños propietarios o incluso llevarlos a plataformas de Amazon. Esta vez el proceso es descentralizado y ejecutado por el mercado y no por el Estado, pero no se confundan: aún si Bezos golpea o no su escritorio pidiendo por la exterminación de las editoriales y librerías independientes (aunque seguramente lo hace) estas son decisiones jerárquicas para eliminar ciertas formas de vida.

Ahora, con la compra de Whole Foods, Bezos y companía parecen aplicar el mismo patrón con los alimentos. Reportes anuncian que Amazon comenzará a ofrecer delivery gratuito dentro de las dos horas de espera a los clientes Prime.

“Cosas como esta sugieren que Amazon va a eliminar cada centavo de las ganancias de la industria de comestibles”.

Envíos gratuitos dentro de las dos horas es MUY conveniente, quizá lo más conveniente que Amazon haya ofrecido hasta el momento. ¿Por qué los clientes deberían pagar enormes dividendos a los accionistas de Kroger?Que se jodan, si Bezos tiene la disciplina para mantenerse apegado a su plan de crecimiento en vez de llenar los bolsillos de sus accionistas, entonces dejémoslo tranquilo.

A pesar de sostener un modelo basado en la eliminación de la competición, Amazon ha evitado la atención de las autoridades antimonopólicas dado que sus precios siguen siendo bajos. Si los consumidores están bien, ¿a quién le importa que sea un monopolio? Las leyes estadounidenses en contra del monopolio no existen para proteger kulaks, tanto si venden libros o alimentos.

Amazon es exitoso en gran parte porque la compañía tiene un objetivo claro: invertir en crecimiento.

Al día de hoy, no sólo otras empresas son muy lentas en las inversiones, también los gobiernos. Las políticas de austeridad y décadas de privatización han puesto a Amazon en una posición de tomar funciones estatales. Si los locales no pueden o no invierten en trabajos, entonces Bezos lograría incluso que olviden los impuestos (y la dignidad) para recibir a las HQ2 (las segundas oficinas centrales que serán localizadas finalmente en Long Island — NYC)

No hay razón para que los gobiernos no puedan ofrecer servicios de computación en la nube a pedido como una utilidad pública, sin embargo, los federales pagan los Servicios Web de Amazon (AWS) para que alojen sus sitios. Y si el gobierno subcontrata la asistencia médica para su población a las aseguradoras que insisten en obtener ganancias, bueno, quédense sintonizados porque llegarán noticias pronto.

Pareciera que no hay un límite natural para el crecimiento de Amazon, y para el año que viene su facturación anual logrará superar al PBI de Vietnam. Seguramente en el futuro Amazon construya sus propias ciudades.

Los Estados Unidos nunca tuvo que averiguar si el capitalismo podría competir con la tecnología del siglo XXI sumado a los Soviets. Sin embargo, la idea del mercado y la competencia como garantes de los precios han sucumbido ante los algoritmos y la planificación.

Nuestros economistas solían burlarse de los subsidios que distorsionaban el mercado de los soviéticos; ahora Uber subvenciona cada viaje. Comparados a los capitalistas que hacen sus ganancias en base a quienes conectaron la economía estadounidense, el Plan Bezos es eficiente. Entonces, con la excepción de pequeños cuentapropistas y gerentes, ¿por qué no querríamos convertir una cantidad cada vez mayor de nuestro mundo vital a Amazon?

Desde la perspectiva del consumidor promedio, es difícil ganarle a Amazon. El foco principal en la eficiencia y el crecimiento ha funcionado, y la conveniencia del envío sea quizá el área que aún la vida Norteamericana ha mantenido nuestras expectativas pasadas para el futuro Sin embargo, no debemos hacer el paso de la cuna a la tumba como meros consumidores.

Veamos, por ejemplo, el envío de paquetes: la ultima publicidad de Amazon resultó provocadora: “Envío con Amazon”, un desafío abierto a los Servicios Postales de los Estados Unidos, a quienes les ha quitado grandes dividendos.

Como un agente de gobierno que rinde servicio al público, el Servicio Postal ha tenido que aceptar variedad de ineficiencias, como el envío gratis a clientes rurales o subsidiar la distrinbución de la prensa en vinculación a su libertad como enmienda. Amazon, al contrario, es una compañía privada que no debe realizar cosas que no necesita. Además, como consumidores medios, deberíamos celebrar esto! Quizá lo hacemos.

Pero como miembros de una comunidad nacional, espero que frenemos para preguntarnos si la eficiencia es todo lo que queremos para nuestra infraestructura de mensajería. Bajar costos como sea suena bien, hasta que te das cuenta que uno de esos costos es el trabajo. Y uno de esos costos, somos nosotros.

Este año Amazon fue otorgado con dos patentes por un sistema de muñequeras para rastrear y registrar el movimiento de sus empleados en tiempo real.

Es sencillo ver como esto permite lograr eficiencia: si la compañía puede optimizar los movimientos del empleado, todo puede ser hecho más rápido y barato. De la misma manera, es sencillo ver como los trabajadores están a un paso de una distopía infernal.

Amazon es un lugar notoriamente brutal para trabajar, incluso a niveles ejecutivos. El temor solía ser que si Amazon podía eliminar a todos sus competidores con precios bajos, luego los dispararía, al estilo de Martin Shkreli. Eso no sucedió. Al contrario, Amazon ha logrado su poder para bajar salarios y la participación laboral en la producción. Si seguimos la estrategia de Bezos hasta el final, no termina en un comunismo lujoso totalmente automatizado, ni siquiera en un gracioso Wall-E. Finaliza en Matrix.

Solo porque un plan es eficiente no significa que es bueno. El servicio postal está sindicalizado, tienen salarios que se ajustan, movilidad ascendente, estabilidad, beneficios laborales, vacaciones, etc. Los empleados de Amazon no. Esa diferencia seguramente cuenta cuando medidos por precio, y esa es la principal razón por la cual no debemos entregarle el mundo al rey de la eficiencia.

La pregunta que resta hacer es si ya hemos sido reducidos, si después de ser tratados como consumidores y como costos, todavía podríamos tener más fé en nosotros, porque eso es lo que se necesitará para alejar a la sociedad de Bezos y de la gente, a la que le han hecho creer, es una alternativa razonable.

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