No seas malvado.

Entrevista a Fred Turner sobre Utopías, Fronteras y Programadores.  Traducción de la entrevista publicada en Logic Magazine.

Fred Turner es una de las autoridades mundiales sobre Silicon Valley. Profesor de Stanford y periodista, ha escrito de manera extensa en relación a las políticas y la cultura tecnológica. En esta entrevista se extiende sobre como Silicon Valley se ve a sí mismo, y qué significa que la industria tecnológica quiera salvar el mundo.

Haus-Rucker-Co (Günter Zamp Kelp, Klaus Pinter, and Laurids Ortner): Environment Transformer / Fliegenkopf (Environment Transformer / Flyhead), 1968. Included in Hippie Modernism: The Struggle for Utopia.

E: Comencemos con la idea de que la tecnología es siempre una fuerza del bien. Esta línea de pensamiento es popular en Silicon Valley. ¿De dónde proviene? ¿Cuáles son sus orígenes?

FT: La misma se origina en 1960 con la idea del comunalismo. A modo de introducción sobre la contracultura: existen dos vías de expresarla. Por un lado, la Nueva Izquierda, que utilizaba la política para cambiar la política. Se enfocaba en las instituciones y no tenía miedo a las jerarquías.

Por el otro — y aquí es dónde el mundo de la tecnología consigue su mantra — es lo que he llamado los Nuevos Comunalistas. Entre 1966 y 1973, Estados Unidos contaba con la mayor ola de construcción comunal en su historia. Estas personas se involucraron desde un apartamiento de las políticas, lejos de la burocracia, y hacia un mundo en donde pudieran cambiar su consciencia. Creían en tecnologías que les ayudaran a realizar cambios a pequeña escala. Querían cambiar el mundo al crear nuevas herramientas para la transformación social.

Esta es la tradición que se encuentra detrás de compañías como Google y Facebook, quienes piensan en hacer un mundo mejor mediante la conexión de las personas. Es una especie de conexionismo político. Al igual que los Nuevos Comunalistas:

Imaginan un mundo que se encuentra totalmente nivelado, en donde se disuelven las jerarquías, cuando en realidad imaginan un mundo esencialmente sin política.

Es necesario dejar en claro que esta tradición, al menos en las comunas, ha tenido un legado terrible. Las comunas, irónicamente, eran muy conservadoras.

Cuando abandonas la burocracia, la jerarquía y la política, perdés la posibilidad y habilidad de negociar la distribución de los recursos en términos explícitos. Si reemplazás esto con carisma, buena onda, y percepciones (ocultas) sobre el poder, en síntesis lo reemplazás con fuerzas culturales que guían nuestro compartamiento en ausencia de reglas claras.

De repente tenemos a estos hombres carísmáticos manejando las comunas, y las mujeres relegadas a una posición donde su rol es tener bebés y desinfectar el agua para que nadie se enferme. La gran mayoría de las comunas existentes en los años ‘60s fueron los espacios racialmente más segregados, heteronormativos, y autoritarios que he conocido.

¿En qué sentido las computadoras, en particular, crearían un mundo sin burocracia o jerarquías políticas? ¿Cómo lograron las Tecnologías de la Información facilitar este tipo de transformaciones en los Nuevos Comunalistas que vemos hoy?

El final de la historia es que los Nuevos Comunalistas fallaron, y de gran manera. En 1973, prácticamente todas las comunas desaparecieron o se disolvieron.

A lo largo de los ‘70s y entrados los 80’s, la mayoría de quienes fueron comunalistas se mantuvieron en el área de la bahía de San Francisco. Y el mundo de la tecnología como lo conocemos hoy creció alrededor de este contexto. La mayoría necesitaba mano de obra, y allí estaban ellos.

Los sujetos asociados con el movimiento comunal — en particular Stewart Brand y el grupo asociado con el Whole Earth Catalog — comenzaron a reimaginar a las computadoras como las herramientas del cambio contracultural que no funcionó en los 60’s.

Stewart Brand incluso llamó a las computadoras “el nuevo LSD”. La fantasía es que las mismas serán las herramientas que llevarán a cabo la transformación de conciencia — que finalmente harán lo que no pudieron el el LSD y las comunas. Al conectar a las personas mediante sistemas en línea a partir de una infraestructura a su alrededor.

¿Usted cree que esta tradición tecno utópica sigue calando profundo en la industria tecnológica hoy en día como lo hizo en el pasado?

Depende la compañía. Apple, en cierta forma, es muy cínica. Todo el tiempo está comercializando ideas utópicas. Presenta sus dispositivos como herramientas contraculturales. Incluso ha cooptado una serie de emblemas de la contracultura, al mismo tiempo que la empresa era fundada.

En otras compañías, creo que son francamente sinceras. Últimamente estuve mucho tiempo en Facebook, y creo que ellos sinceramente quieren construir lo que Mark Zuckerberg llama “un mundo más conectado”. Respecto de si sus prácticas se asemejan a sus creencias, no podría saberlo.

Hace diez años, estuve un tiempo dentro de Google. Lo que presencié allí fue un bucle hartamente interesante.

Todo comenzó con Don’t be evil (No seas malvado).
Entonces la pregunta siguiente fue: “Muy bien, entonces, ¿qué es bueno?”.
Bien, la información es buena, la misma empodera a las personas.
Muy bien, grandioso. ¿Quién provee la información?
Oh, cierto, Google provee información.

Entonces terminás en este bucle donde lo que es importante para las personas es lo que en realidad es bueno para Google.

Creo firmemente que el impulso de salvar el mundo es sincero. Pero las personas también en ocasiones mezclan el impulso de salvar el mundo con el del salvar a la empresa en donde trabajan. Por supuesto, es una vieja tradición protestante.

¿Qué opinas de los tecno utópicos por fuera de estas empresas? ¿Crees que sigue igual de fuerte que en el pasado? En los 90’s la idea de que la tecnología era una fuerza del bien se encontraba entre las más populares. Pienso en Al Gore, la revista Wired, el boom de las .com y la New Economy. Hoy en día esa narrativa no ha desaparecido — especialmente en Silicon Valley. Pero en general, la conversación se ha vuelto más escéptica. Se conversa más sobre el lado oscuro de la tecnología: vigilancia, minería de datos, software de reconocimiento facial, “fake news”, etc. ¿De dónde crees que viene esta mirada más resistente?

Creo que podemos rastrearlo directamente a las revelaciones de Edward Snowden.

He dado un curso cada año durante quince años llamado “Medios digitales y Sociedad”. Cuando comencé a dar mi curso en 2003, la mayoría de mis estudiantes siempre decían “Turner es muy negativo, su curso mejoraría enormemente con sólo mirar el sitio de Apple.” De manera más reciente, sus opiniones son más “Turner es muy positivo, ¿cuál es su problema?”

El punto de viraje fue Snowden. En términos de opinión pública, Snowden dió lugar y conscientizó al público sobre la vigilancia, y entonces comenzaron a verlo como un problema.

Otro tema a considerar es que la idea de la utopía “vive” en Silicon Valley como una estrategia comercial. Esto es una operación política de gran importancia. Si el Valley puede convencer a Washington de que son la casa del futuro y que sus líderes pueden ver de manera distinta a los viejos carcamanes de la vieja DC, entonces tiene un gran caso para evitar futuras regulaciones.

Claro.

¿Por qué regular el futuro? ¿Quién quiere regular el futuro?

Así que esta posición es muy táctica. Reclamar como espacio propio un futuro utópico es una posición realmente estratégica.

Pareciera ser que las empresas tecnológicas también prefieren el acercamiento desregulador cuando se trata del contenido que permiten en sus plataformas. Su configuración predeterminada es laissez-faire en las publicaciones de usuarios. ¿De dónde proviene esa actitud?

Entiendo a esta actitud engendrada en la cultura de la ingeniería y premiada por los negocios. Algunas personas lo ven como una decisión financiera muy calculada. Pienso que hay algo de esto — ciertamente es recompensada — pero veo que aquí sucede algo más profundo.

La cultura de la ingeniería versa sobre la realización del producto. Si el producto funciona, es todo lo que el sujeto necesita para cumplir con su ética profesional. La ética del ingeniero es: ¿funciona?. Mientras que la misión social del objeto creado le corresponde a otra persona. Es como la famosa letra de Tom Lehrer: “Una vez que los cohetes ascienden, ¿a quién le importa donde caen? No es mi ocupación, dice Wernher von Braun.”

Entonces creo que los ingenieros y programadores, en Facebook y otras empresas, están un poco desconcertados cuando les dicen que sus sistemas — que claramente funcionan muy bien y que su efectividad está medida por las ganancias que generan, y por ende son éticamente buenos (en el sentido de Google) — están corrompiendo la esfera pública. Y que además no son solamente ingenieros construyendo nuevas infraestructuras — ahora son personas de los medios.

Varios años atrás compartí mucho tiempo con ingenieros de Google que se conectaban con periodistas. La mayoría tenía un lenguaje muy robusto sobre el control y la administración de la información. Sin embargo, cuando la conversación cambio hacia las noticias, no tenían ni idea de que se trataba. Las noticias eran algo totalmente diferente.

Las compañías basadas en ingenieros-programadores que en realidad son medios de comunicación como Facebook, están batallando en desarrollar nuevos términos éticos para administrar este meollo en el que se encuentran. Parcialmente les doy el beneficio de la duda. Creo que sinceramente están tratando de implementar marcos normativos de trabajo a partir de lo programado. Y sinceramente se desconciertan cuando no funcionan.

¿Qué son estos marcos normativos éticos?

Los ingenieros — programadores tratan de hacer políticas cambiando la infraestructura.

Eso es lo que hacen. Cambian la infraestructura. Es similar a la antigua Roma cuando intentaron cambiar el debate público al cambiar el Foro. “Ahora tendremos siete nuevas entradas en vez de seis, y entonces el debate cambiará.”

El mundo de la ingeniería no conoce una concepción de como intervenir en un debate que no sea “infraestructural”.

Retrasemos un poco en el tiempo. Una de las cosas que amé de tu libro “De la contracultura a la cibercultura: Stewart Brand, la Whole Earth Network, y el surgimiento de la utopia digital. fue la perspectiva tan medida.

Gracias. Trabajé muy duro en eso. Tuve que aguantar varios descontentos con la izquierda dentro del mundo académico donde vivo por ser demasiado agradable con Stewart Brand.

Parece que tuvieras cierto afecto por la tradición que identifica a Brand, pero que implica antecedentes como Norbert Wiener y otros. De todas maneras, los tecno-utópicos (a falta de una mejor palabra) parecen desganados. Esto ha sido producto de las grande empresas que venden sus productos y promueven su propia agenda. Veo difícil no sentirse cínico sobre esta retórica. Por eso mi pregunta es: ¿hay esperanza para estas personas? ¿Podemos salvar un retazo de la visión original o deberíamos abandonar la idea y seguir?

Cualquier idea utópica tiende a un sistema totalitario. Promete una solución total a problemas que deben ser tratados paso a paso. Desde mi perspectiva, el problema no es la parte tecnológica de la utopía, sino la utopía en si misma.

Cualquier sistema de acercamiento holístico no funciona. No recomiendo que abandonemos la tecnología, debemos lidiar con ella como una parte integrada a nuestro mundo, y que nos ocupemos de ella de la misma manera que nos ocupamos de las autopistas, la arquitectura que sostienen los edificios o las maneras en que organizamos los hospitales.

Las tecnologías que hemos desarrollado son infraestructuras. Aún no contamos con un lenguaje para trabajar la política de las infraestructuras. Aún existe suficiente magia sobre estos dispositivos para pensar que son igual de ordinarios que el asfalto.

Pero necesitamos comenzar a pensarlos de esta manera. Y necesitamos desarrollar configuraciones institucionales para entender como serán las leyes de tráfico. Al punto tal que las tecnologías nos permitan nuevas colaboraciones y nuevas comunidades, con más poder. Pero pensemos en cómo funcionarán.

¿Qué implica una política de la infraestructura?

Significa e implica varias cosas por separado e integradas. En principio, involucra el reconocimiento del entorno construido, no importa si está hecho de asfalto, concreto o código, el mismo tiene efectos políticos. Estaba bromeando cuando hablé de reformular el foro, pero quizá no debería haber bromeado tanto, dado que efectivamente el Foro Romano permitía un tipo de debate debido a su forma.

Piensa en auditorio donde alguien se sienta sobre el escenario y la audiencia lo mira, frente a una reunión donde todos se sientan en círculo. Son muy diferentes.

Entonces, la estructura importa. El diseño es absolutamente crítico. El diseño es el proceso mediante el cual las políticas de un universo se transforman en las ataduras de otro. ¿Cómo fueron construidas estas ataduras? ¿Qué efectos produce en la vida política?

En orden para estudiar las políticas de infraestructura debemos estudiar las ideas políticas que se construyen en el proceso de diseño, y el impacto en las posibilidades políticas de las comunidades que se ocupan de ella.

La frontera electrónica

Uno de los elementos más visibles de la tradición tecno-utópica es Burning ManEscribiste un gran artículo llamado “Burning Man at Google”, a raíz del significado de este festival para Silicon Valley.

No regresaré nunca más a ese lugar. Estuve tres veces. Estoy satisfecho.

¿Podrías mencionar algunas de las prácticas sociales e instituciones culturales alrededor de la industria tecnológica que cobran vida en este festival?

Burning Man es para el mundo tecnológico lo que la iglesia Protestante del siglo XIX fue para la fábrica.

Si vivías en una pequeña ciudad fabril, entonces debías trabajar seis días a la semana hasta el sábado. El Domingo, día de iglesia, los jefes se sentaban adelante, los mandos medios detrás de ellos, y al fondo el resto de los trabajadores. Literalmente repetías el orden jerárquico de la fábrica.

En este festival, lo que se ensaya y repite es el trabajo colaborativo basado en proyectos. Los ingenieros que trabajan en el Valley actuan con las mismas estructuras que funcionan en sus empresas, pero aquí pueden realmente apropiarse del proyecto. Pueden experimentar el recorrido completo con un equipo que ellos mismos hayan escogido. En el medio del desierto, con condiciones perfectas, pueden finalmente hacer lo que las empresas le prometen pero no cumplen.

La promesa de Silicon Valley es:
ven aquí y construye tu futuro con mentes similares a la tuya. Disuelvete en un proyecto, y emerge habiendo salvado el futuro.

Bien, en Burning Man, lo podés hacer. Elegís tu equipo, realizás una obra de arte, las personas admiran tu trabajo, y te encontrás en una comunidad utópica momentánea que modela un futuro alternativo.

Entonces, Burning Man funciona como un chivo expiatorio de la promesa que el Valley no puede cumplir.

Burning Man es el modelo del idealismo puritano. ¿Qué deseaban los puritanos al llegar a las costas de América? Se imaginaban que estarían bajo los ojos de Dios. Imaginaron construir una ciudad sobre una colina. “Los ojos de las personas están atentas a nosotros.” según John Winthrop.

Cuando fui a Burning Man, eso fue lo que me impresionó: estoy en el desierto. El desierto de Israel, el de la Biblia, bajo el ojo del cielo, y cada cosa que haga debería ser significativa. Esta es una idea protestante, puritana, tecnológica, comunal. Todas estas personas se reunen bajo esta premisa y es una de las razones por las cuales me fascinó el lugar.

Por supuesto que a su vez presenta graves problemas. Sin embargo, hubo un momento durante mi primera visita cuando recorrí varios kilómetros por el desierto y al mirar atrás a la ciudad divisé un cartel de estación de servicio que giraba. Pero no lo era, era un gran corazón rosado. Y por un momento, imaginé que los suburbios de Silicon Valey no estaban manejados por petroleras, sino por amor.

El festival también parece fascinado con la idea de frontera. Mencionaste a John Winthrop, y en De la contracultura a la cibercultura, discutís con John Perry Barlow y Kevin Kelly, entre otros, quiénes popularizaron la noción de internet como “frontera electrónica”. Claramente fue una metáfora muy popular en los 90’s — ¿cómo creés que envejeció? Sería justo decir que esta barrera se “cerró” o nunca fue una metáfora apropiada para comenzar?

Lo primero que debemos saber es que esta metáfora no viene de las profundidades de la historia norteamericana, sino específicamente de la era de Kennedy.

Luego de la Segunda Guerra Mundial, pasamos de ser un país que ni siquiera presentaba un sistema de rutas o autopistas unificado a presentar gran abundancia en recursos, dinero, e incluso suficiente tecnología para enviar hippies a la otra costa (en mini vans de VW) para hacer películas por dos años. Esa es una gran transformación. En el sector industrial e intelectual, Kennedy comienza a hablar de la “Nueva Frontera”. Promociona una idea de que el espacio exterior es la nueva frontera, que la tecnología será la nueva frontera, y así igual la ciencia. Y el mundo tecnológico se preocupa en este sentido. Los tipos de los 90’s son los niños de ese mundo.

Uno de los grandes mitos de la contracultura es que nunca se alineó con los complejos militares-industriales. Es cierto para la Nueva Izquierda, pero no así para los Nuevos Comunalistas. Estos se integraron a la cibernética de gran manera. Compraron con la esperanza de que a través del LSD podrían participar de nuevas fronteras psicológicas y construir nuevas fronteras sociales.

Hoy en día, la rétorica de la nueva frontera ha desaparecido. Trump se concentra en hacer America great again en un formato retrógado, machista y pseudo fascista. Nadie cree vivir en una frontera.

Sin embargo, dentro del mundo tecnológico, aún existen personas que se microaplican dosis de LSD. Aún hay quiénes experimentan con relaciones poliamorosas. Estos buscan la intersección de un cambio de mentalidad con nuevas estrucuturas sociales. Y estos mundos siguen con ciertas ataduras al legado de la contracultura. Si bien el lenguaje de la nueva frontera ha desaparecido, y la frontera hoy se limita a la vigilancia y el comercio, muchas personas viven su vida como buscadores de fronteras. Y eso es digno de ver.

El otro aspecto de la metáfora de frontera son sus políticas libertarias. Siempre existió un núcleo libertario dentro de la tradición tecno-utópica. Parece que se retrae a la ética anti-institucional de la contracultura en los ‘60 y ‘70, y luego se transforma en un tipo de hippismo adoptado al Reaganismo en los ‘80 y ‘90. Un ejemplo claro es Wired y sus publicaciones sobre Newt Gingrich en 1990.

Ciertamente, es un horror.

Y de ahí la razón donde todos creen que la industria tecnológica está llena de libertarios. Pero existe también un consistente grupo de trabajadores con políticas muy diferentes — socialistas o de izquierda. Sin ir más lejos, muchos de ellos apoyaron la candidatura de Bernie Sanders en las primarias democráticas. ¿Crees que se haya abierto un nuevo espacio político recientemente? ¿O siempre lo fue, más allá de su reputación?

Esa ala izquierda siempre estuvo allí. Últimamente estoy tratando de descrifrar porque este cambio tan notorio. Podríamos encontrar una respuesta en lo que se llama, más o menos, el Silicon Valley Index, un estudio demográfico increíble sobre el Valley. Se ha realizado por 15 años y sostiene que las políticas del Valley se han mantenido constante — algo que me sorprende. Siempre ha sido un ala liberal, con inclinación izquierda y una región democrática por casi quince años.

Pero las personas que atraen más atención en el Valle son los grandes CEOs. Pienso que la visión del Valley como un espacio libertario es una combinación de las creencias liberales sostenidas por personalidades como Peter Thiel y la celebración de las mismas por una prensa de la costa Este que intenta elevar a este tipo de personas. Steve Jobs es el caso más famoso. Los periodistas del Este necesitan rejuvenecer el mito del héroe americano — y van a encontrar un mundo donde hacerlo.

Sin embargo, en orden para crear estos héroes, necesitan arrancarlos del contexto en que fueron producidos. No pueden contar toda la historia. Ni la estructura que los sostiene. Deben relatar las aventuras de un héroe al estilo Ayn Rand. Por lo que creo que existe una colaboración entre los líderes tecnológicos y la prensa alrededor de este mito.

Esto me suena bastante a como tratan a Elon Musk.

Exacto. Elon Musk es un ejemplo clásico. Y realmente admiro a Elon Musk. Diría que uno de mis principios al trabajar en Silicon Valley es ver trabajar gente como él.

La primera historia que realicé, siendo periodista, versó sobre un muchacho que engañaba a viudas a irse de sus casas. Mi trabajo era saber como lo hacía. Pasé toda una tarde con él. Realmente encantador. No me mintió y relató todo lo que hacía. Escribí la historia y me llegaron dos tipos de cartas. Una del tipo: “Finalmente atrapaste al sujeto.” La otra estaba escrita por sus amigos, y estaba seguro que eran cartas de odio, pero las mismas decían: “Finalmente alguien le muestra al mundo que gran empresario es.”

Mientras intentamos entender Silicon Valley, creo que es importante retroceder un poco y ver ambos lados. Es difícil si estás posicionado, pero te da más lugar a ver la foto completa.

Pienso que una de las razones por las cuales los CEOs dominan la narrativa mediática es la ubicuidad de los acuerdos de confidencialidad que hacen muy difícil a los trabajadores tener una voz propia.

Una de las ironías del Valley es que estos acuerdos realmente previenen la transmisión de historias desde el Valley a Washington, New York, Boston… pero dentro del Valley todos se conocen, por lo que los acuerdos no funcionan.

El nacimiento del Brogrammer

¿Por qué la industria tecnológica suele ser tan joven? ¿Por qué la impulsa y premia? ¿Es también parte del legado de la contracultura de los ‘60, el culto a la juventud?

La industria al comienzo no fue joven, al menos cuando el gobierno la fundó. Al principio el financiamiento era federal, tenías contratistas como Texas Instruments. En los 70’s cada centavo se invirtió en los misiles Polaris. Había gente joven, seguro, pero también ingenieros de larga trayectoria.

La cultura startup que hoy conocemos comienza en los 80’s — y con ello el trabajado basado en proyectos. Allí es donde se comienza a premiar a las personas que pueden trabajar 90 horas a la semana y no tienen niños y también el entrenamiento técnico más reciente de lugares como Stanford, Berkeley y Harvard. Allí es donde irrumpe la juventud con toda su fuerza.

Hoy la discriminación generacional es una característica central del Valley, pero otro tema a recordar es que las personas no viven allí para siempre. Migran. Pienso al Valley más como una isla. El 40% de sus residentes no nacieron en los Estados Unidos. Vienen por 10 años y luego vuelven a sus hogares y crean una empresa. Es un punto migratorio de largo plazo. No es como mi barrio donde hay personas que se mantuvieron por tres generaciones.

Entonces la obsesión con la juventud es originada por imperativos económicos, antes que elementos residuales de los ‘60s.

Nuestra sociedad tiende a darle permiso a los jóvenes a realizar ciertos experimentos que a su vez se valoran mucho en el mundo tecnológico. Por ejemplo, les damos permiso a los jóvenes a no casarse o tener hijos hasta los 30. Esto te permite que de los 20 a los 30 duermas en pequeños cuartos, pruebes cosas, cosas que mi abuela diría que son una pérdida de tiempo. Mi abuela quería casarse a los 27, estaba comprometida con esa visión de vida. Quería estabilidad. Comprarse una casa. Y hacer crecer su familia. Tenía una visión particular del progreso de la vida.

Si tu visión del progreso en la vida incluye un largo hiato a partir de los 20 años, eso es genial para las empresas tecnológicas. Si te quedás toda la noche en Google, eso es genial para Google. Incluso te pueden llevar un barbero. También el restaurante. Hasta tener una relación en la empresa. Tené varias compañeros/as sexuales, no les importa. Siempre y cuando seas super flexible y comprometido a la empresa.

Dado que mencionaste la discriminación generacional, me preguntaba si podrías extenderte en como el sexismo y el acoso prevalece en la industria de la tecnología.

En cualquier ámbito profesional que incluya hombres extremadamente poderosos que funcionan como guardianes de estilos de vida que mujeres jóvenes desean, es donde la predación ocurre. Lo que hace particular al mundo de la tecnología, creo, es la fantasía.

Un montón de hombres con los que pude conversar, son personas de tecnología que se emocionan a niveles incomesurables por construir su propia computadora y que funcione. Son personas que tienen una carrera donde solamente hacen cosas de manera tal que funcione. Y en general ven el mundo en los mismos términos. Se sienten cómodos teniendo el control sobre todo.

Creo que en este tipo de mundo, donde un hombre se presenta como guardián con mucho poder, imagina que una mujer joven puede ser manipulada como una tecla de computadora. Ella representaría una parte del sistema que manejan y controlan. Y ellos tienen una necesidad, ser gratificados. Bien, la última vez que encendieron una computadora se sintieron gratificados. Quizá si encienden una mujer de la misma manera mecánica, también puedan recibir gratificación. Eso es lo que veo.

Es bastante espantoso.

Tengo una teoría, y te lo ofrezco en formato de bolsillo. Tengo esta categoría para las teorías que no presentan ni evidencia o investigación para validarlas. Esta implica que las distintas eras tienen diferentes focos comunales — lugares que usan para pensar. Al final del siglo XIX podría ser con Edith Wharton en Nueva York. Quizá más tarde, Theodore Dreiser en Chicago.

El Chicago de Dreiser funcionó como un lugar para pensar las consecuencias del surgimiento de la industria. Todo tipo de cosas que no eran exclusivas de Chicago, como la inmigración, se convirtieron en cosas que las personas pensaban en este espacio.

Creo que el Valley es el lugar donde podemos realizar nuestro pensamiento sobre el género y la sexualidad. Como las personas se introducen en el mundo sexual ha cambiado enormemente con la aparición de los nuevos medios. Mi esposa y yo hemos estado en matrimonio por más de treinta años. Cuando estábamos en la etapa de cortejo, nos escribíamos hermosas cartas a mano sobre papel azul y las enviábamos por correo a larga distancia. Teníamos que esperar semanas. Querías llenar cada espacio de la página. Ahora… FaceTime. No hay gratificación en la espera.

El tipo de Romance con el que crecí era uno que requería tiempo. Implicaba retener los deseos. Requería pensar sobre la otra persona. Que quiero decir con esto, una de las cosas más eróticas que podés hacer con otras personas es pensar en ellas, ¿verdad? Sólo pensar en ellas. Es un mundo totalmente diferente al de apretar un botón y que su cara aparezca. La posibilidad que ofrece esta sexualidad mediada por un botón está muy viva en el Valley.

Ese modo de sexualidad se parece a otro artefacto de la contracultura, e implica volver al principio de nuestra conversación. ¿Tenés alguna reflexión final sobre el legado de la contracultura en la tecnología, o en la tradición tecno-útopica de manera más general?

Me gustaría decir una cosa más sobre las políticas y la política.

Uno de los legados de la contracultura, particularmente la izquierda, es la idea de la expresión que es acción. Esta idea nos ha atormentado a quienes nos mantuvimos en la izquierda por un largo tiempo.

Pero una de las razones por la cual el Tea Party llegó al poder es que ellos organizaron — y construyeron instituciones. Entonces el desafío para quiénes queremos un mundo diferente no es solamente creer que la expresión (variada) que encontramos, y nos permite, Internet es la llave a la libertad. En vez de eso, deberíamos buscar un tipo de libertad que involucre a personas que no sean como nosotros, que construyamos instituciones que involucren a personas que no piensan como nosotros — no solamente las que gratifican nuestro deseo de encontrar nuevas parejas o construir micromundos.

Los Nuevos Comunalistas creían que los micromundos era donde sucedía la política. Si podíamos crear un micromundo mejor, podríamos vivir del ejemplo para crear un mejor mundo para el resto. Eso está mal. Nuestro desafío es crear un mundo que se haga responsable de personas que no son como nosotros. Y es un desafío que no lograremos completar mediante la mejora de nuestras habilidades de expresión, o mejorando las tecnologías de conexión expresiva.

Creo que con esto hemos terminado, ¿verdad?

Debía sacarlo de mi pecho.

. . .

Esta entrevista aparece en la tercera entrega de Logic “Justicia”. Pueden pedirla (en inglés, claro) en su tienda — o pueden suscribirse!

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