La ideología californiana

Traducción del artículo escrito por Richard Barbrook y Andy Cameron, el 1 de septiembre de 1995, para la revista Mute Vol 1, N° 3.

No mentir sobre el futuro es imposible y uno puede mentir sobre el mismo a su voluntad.

– Naum Gabo

Existe una ortodoxia global emergente en relación a la sociedad, la tecnología y la política. La llamamos “la ideología californiana” en honor al estado en dónde se originó. Al naturalizar y dar una prueba tecnológica a una filosofía política liberal, y en consecuencia anular cualquier futuro alternativo, los ideólogos californianos son habilitados a establecer que los debates sociales y políticos sobre el futuro no tienen importancia.

La Ideología Californiana es una mezcla de cibernética, economía de libre mercado, liberalismo contracultural y es promulgado por revistas como WIRED y MONDO 2000, a la vez que su palabra es predicada en los libros de Stewart Brand, Kevin Kelly y otros. La nueva fé “P” ha sido abrazada por nerds, vagos, capitalistas en sus treintas, académicos de moda, burócratas futuristas y hasta el presidente de los Estados Unidos (NdT: Bill Clinton). Como es usual, los europeos ni lerdos ni perezosos han copiado la última moda americana. Mientras un reporte de la UE recomienda adoptar el modelo de libre empresa californiano para construir la “autopista de la información”, artistas y académicos innovadores han defendido la postura pos humanista desarrollada en la costa oeste por el culto extropianista. Sin oponentes a la vista, la dominación global de la ideología californiana parecía completa.

En una lectura superficial, los escritos de los ideólogos son un divertido cóctel de la locura cultural del área de la Bahía, sumado a un análisis en profundidad de los últimos desarrollos tecnológicos de punta en arte, y la industria del entretenimiento o medios de comunicación. Sus políticas se presentan como impecables ideas libertarias- quieren que tecnologías de la información sean utilizadas para crear una democracia “Jeffersoniana” en las certezas de un ciberespacio, ofreciendo una visión fatalista de lo natural, con el inevitable triunfo del ultra tecnológico libre mercado.

San McLuhan

Imagen tomada de la nota MARSHALL McLUHAN, EL GURÚ POP DE LA COMUNICACIÓN.

En los 60’s, Marshall McLuhan predicó que el poder de los grandes negocios y el gobierno sería destronados por los efectos empoderadores, intrínsecos a las tecnologías, en los individuos. La convergencia de los medios, la computación y las telecomunicaciones derivaría en una inevitable forma de democracia directa electrónica – el ágora electrónica – en donde cualquier persona podría expresar sus opiniones sin miedo a la censura.

Estimulados por las predicciones de McLuhan, los radicales de la costa oeste fueron pioneros en el uso de las nuevas tecnologías de la información en términos de prensa alternativa, estaciones de radio comunitarias, clubs caseros de computación y videos colectivos.

Durante los 70s y los 80s, muchos de los avances fundamentales en la computación personal y el trabajo en red fueron realizados por personas influenciadas por el optimismo tecnológico de la nueva izquierda y la contracultura. Por los 90s, algunos de estos ex-hippies ya eran dueños o gerentes de empresas tecnológicas bajo su propio derecho y el desarrollo pionero de los activistas comunitarios mediáticos hacía tiempo que fue recuperado por el comercio de alta tecnología.

El surgimiento de la clase virtual

Aun cuando las compañías de este sector pueden mecanizar y sub contratar la mayoría de sus necesidades laborales, siguen dependiendo de personas claves que pueden investigar y crear productos originales, desde programas de software y chips de computadoras, a libros o programas de televisión. Estos trabajadores habilidosos y emprendedores forman la llamada “clase virtual”: la tecno-intelligentsia de cientistas cognitivos, ingenieros, cientistas de la computación, desarrolladores de video juegos y especialistas de la comunicación… (Kroker y Weinstein). Imposibles de organizarlos en términos de una línea de montaje o incluso reemplazarlos por máquinas, los gerentes han tenido que organizar a estos trabajadores intelectuales a partir de contratos con términos fijos. Como si fueran una “aristocracia laboral” de este último siglo, personajes núcleo de la industria de los medios, telecomunicaciones y computacionales experimentan las recompensas e inseguridades del mercado.

Por un lado, estos artesanos de alta tecnología son bien pagados, además cuentan con una considerable autonomía en su empleo y lugar de trabajo. Como resultado, la división cultural entre los hippies y las personas de empresa se han vuelto raras. Pero por otro lado, estos trabajadores están atados en términos de no tener un empleo fijo garantizado. Al faltarles el tiempo libre de los hippies, el trabajo se convirtió en la vía principal para la auto realización de la mayoría de esta clase virtual

Debido a que estos trabajadores núcleo son a la vez privilegiados en la fuerza laboral y herederos de las ideas radicales de los activistas mediáticos, la ideología californiana refleja de forma simultánea las disciplinas del mercado económico y las libertades del artesanado hippie. Este híbrido bizarro solo es posible a través de una creencia cuasi universal en el determinismo tecnológico.

Desde los 60’s, los liberales -en el sentido social de la palabra- se han esperanzado que las nuevas tecnologías de la información pudieran cumplir sus ideales. En respuesta a los desafíos de la Nueva Izquierda, la Nueva Derecha resucitó una vieja forma del liberalismo: liberalismo económico. En lugar de la libertad colectiva buscada por los hippies radicales, ellos defendieron las libertades individuales dentro del libre mercado. Desde los 70s en adelante, Muffler, de Sola Pool y otros gurúes trataron de probar que el advenimiento de la hipermedia involucraría, de forma paradójica, el retorno del liberalismo económico del pasado. Esta “retro-utopia” se hizo eco en las predicciones de Asimov, Heinlein y otros macho novelistas de la ciencia ficción donde el futuro siempre encuentra a los comerciantes espaciales, vendedores súper hábiles, genios de la ciencia, capitanes pirata y otros personajes escabrosos. La ruta del progreso tecnológico nos lleva a los Estados Unidos de los padres fundadores.

Imagen tomada del artículo “Marshall McLuhan and the Californian Ideology”

Agora o Cambio
¿Democracia directa o libre comercio?

Con McLuhan como su santo patrón, la ideología Californiana emergió de esta inesperada colisión de neoliberales de derecha, radicales contraculturales y deterministas tecnológicos – una ideología híbrida con todas sus ambigüedades y contradicciones intactas. Estas contradicciones son las más pronunciadas en las visiones opuestas de un futuro que las contiene de forma simultánea.

Por un lado, la pureza anti corporativa de la Nueva Izquierda ha sido preservada por los defensores de la “comunidad virtual”. De acuerdo a su gurú, Howard Rheingold, los valores de los baby-boomers contraculturales continuarán moldeando el desarrollo de las nuevas tecnologías de la información.

Los activistas comunitarios seguirán incrementando el uso de la hipermedia para reemplazar al capitalismo corporativo y al estado con una “economía de regalos” de alta tecnología en donde la información es intercambiada de forma gratuita entre sus participantes. En la mirada de Rheingold, la “clase virtual” aún se mantiene al frente de esta lucha por la liberación social. A pesar del frenético involucramiento comercial y político para construir la “autopista de la información”, la democracia directa incluida en el ágora electrónica triunfará de forma inevitable sobre sus enemigos corporativos y burócratas.

Por otro lado, ciertos ideólogos de la costa oeste han abrazado la ideología del laissez faire (dejar hacer) de quiénes antes eran sus conservadores enemigos. Por ejemplo, Wired (la biblia mensual de la clase virtual), ha reproducido sin ninguna crítica las miradas y opiniones de Newt Ginfrich, el republicano de extrema derecha, líder de la Casa de los Representantes, y de los Tofflers, quienes son sus asesores más cercanos. Ignorando las políticas de recortes a los planes sociales, la revista se encuentra deslumbrada por el entusiasmo liberal que ofrecen las nuevas tecnologías de la información. Gingrich y los Tofflers reclaman que la convergencia mediática no creará una ágora electrónica, sino que nos guiará a una apoteosis de mercado, a un intercambio electrónico donde todos podrán convertirse en librecambistas.

En esta versión de la Ideología Californiana, cada miembro de la “clase virtual” tiene prometida la oportunidad de convertirse en un emprendedor de alta tecnología. Las tecnologías de la información, así va el argumento, empoderan a los individuos, mejoran la libertad personal y reduce de forma drástica el poder del Estado. Los poderes existentes, en términos sociales, políticos y legales, se irán marchitando para ser reemplazadas por interacciones sin restricciones entre usuarios autónomos y su software. Estas McLuhaneadas revigorizadas argumentan que el Estado debería retirarse de las espaldas de los recursos de los emprendedores quiénes son los únicos con onda y valor para tomar riesgos.

Efectivamente, los intentos de interferencia con las propiedades emergentes de las fuerzas tecnológicas y económicas, particularmente las de los gobiernos, meramente rebotan en aquellos que son los suficientemente tontos para desafiar las leyes primarias de la naturaleza. El libre mercado es el único mecanismo capaz de construir el futuro y asegurar un desarrollo total de la libertad individual dentro de los circuitos electrónicos del ciberespacio jeffersoniano. Como en las novelas de Heinlein y Asimov, el camino al futuro parece llevarnos indefectiblemente al pasado.

El mito del libremercado

Casi cada avance tecnológico de envergadura de los últimos doscientos años ha tomado lugar con la ayuda de enormes apoyos económicos del estado y bajo un acuerdo de influencia gubernamental. Las tecnologías de la computadora y la Red fueron inventadas por masivos subsidios estatales. Por ejemplo, el primer proyecto para un Motor Diferencial recibió del gobierno británico unas 517.470 libras esterlinas, una pequeña fortuna para 1834. Desde Colossus al EDVAC, de los simuladores de vuelo a la realidad virtual, el desarrollo de la computación ha dependido en momentos clave de las inversiones o contratos con agentes públicos. La corporación IBM construyó su primera computadora digital programable sólo luego de ser pedida por el Departamento de Defensa de los Estados Unidos durante la guerra de las Coreas. El resultado de una falta de intervención estatal implicó que la Alemania Nazi perdiera la oportunidad de crear la primera computadora electrónica al final de los 30’s cuando el Wehrmacht se negó a invertir en Konrad Zuze, quién fue pionero en el uso del código binario, programas de almacenamiento y puertas lógicas electrónicas.

Una de las cosas más raras de la Ideología Californiana es que la Costa Oeste en su misma es producto de una intervención estatal masiva. Dólares del gobierno fueron usados para construir los sistemas de irrigación, las autopistas, escuelas, universidades y otros proyectos de infraestructura que hicieron la vida posible. Encima de estos subsidios públicos, la industria de alta tecnología de la Costa Oeste se ha alimentado del cerdo de mayor tamaño en la historia por décadas. El Gobierno de los Estados Unidos ha invertido millones de dólares de los impuestos en comprar aviones, misiles, electrónica y bombas nucleares de las compañías californianas. Los americanos siempre han tenido una planificación estatal, pero prefieren llamarlo presupuesto de defensa.

Todos estos fondos públicos han sido un enorme beneficio, aunque no reconocido o costeado, efecto en el desarrollo de Silicon Valley y otras empresas de alta tecnología. Los emprendedores a menudo tienen un sentido muy inflado de su “voluntad creativa” en el desarrollo de nuevas ideas y dan muy poco reconocimiento a las contribuciones hechas por el estado o la fuerza de trabajo que los acompaña. Sin embargo, todos los progresos tecnológicos son acumulativos – depende de los resultados de un proceso histórico y deben contar, al menos, como un logro colectivo. Por lo tanto, como en cualquier país industrializado, los emprendedores americanos han dependido del dinero estatal y la intervención para desarrollar sus industrias. Cuando las compañías japonesas amenazaron con tomar control del mercado americano del microchip, los libertarios computacionales y capitalistas de california no tuvieron conflictos ideológicos en unirse a una organización estatal para defender los intereses de los invasores orientales.

Amos y Esclavos

A pesar del rol central de la intervención pública en el desarrollo de la hipermedia, la Ideología Californiana presenta un dogma profundamente anti-estatal. El ascendente del mismo es resultado de la fallida renovación en Estados Unidos a finales de los 60’s y comienzo de los 70’s. A pesar de que los ideólogos de California celebraran el libertarismo individual de los hippies, nunca discutieron las demandas socio-políticas de la contracultura. La libertad individual ya no se lograría rebelándose contra el sistema, pero si a través de la sumisión a las leyes naturales del progreso tecnológico y el libre mercado. En muchas novelas y películas ciberpunks, este liberalismo asocial es expresado por el personaje principal que pelea sólo por su supervivencia en un mundo virtual de la información.

En el folclore americano, la nación fue construida desde lo salvaje por espíritus libres – tramperos, vaqueros, predicadores y las colonias de la frontera. Pero este mito fundacional de la república americana ignora la contradicción en el corazón del sueño americano: que algunos individuos sólo pueden prosperar a partir del sufrimiento de otros. La vida de Thomas Jefferson – el hombre detrás del ideal de la “democracia Jeffersoniana” – deja a claras la doble naturaleza del liberalismo individual. El hombre que escribió la inspiradora llamada a la democracia y libertad en la declaración de la independencia fue al mismo tiempo uno de los mas grandes esclavistas del país.

A pesar de los movimiento emancipatorios y de derechos civiles, la segregación racial todavía vive en el centro de las políticas americanas, especialmente en California. Detrás de la retórica de la libertad individual yace el miedo del amo por la rebelión del esclavo. En las recientes elecciones para gobernador de California, el candidato republicano ganó a partir de una viciosa campaña anti inmigración. A nivel nacional, el triunfo de los neoliberales de Gingrich en las elecciones legislativas fueron basadas en las movilizaciones de los “hombres blancos enojados” ante la supuesta amenaza de los negros con planes sociales, inmigrantes mexicanos y otras minorías.

Estas industrias de alta tecnología son parte integral de esta coalición racista Republicana. Sin embargo, la construcción de un ciberespacio exclusivamente de forma privada y corporativa solo puede promover la fragmentación de la sociedad americana en clases antagónicas basadas en su “raza”. Ya ciertos habitantes de las áreas más pobres de las ciudades han sido marcados en rojo por las empresas de telecomunicaciones hambrientas de ganancias, debido a la falta de pagos, y dejados afuera de los nuevos servicios on-line. A diferencia, los yuppies y sus hijos pueden jugar a ser ciberpunks en un mundo virtual sin tener que encontrarse con ninguno de estos pobres vecinos.

Al trabajar para corporaciones mediáticas y de alta tecnología, muchos de los miembros de la “clase virtual” desearían creer que las nuevas tecnologías van a solucionar, de alguna manera u otra, todos los problemas económicos y raciales de Estados Unidos sin ningún sacrificio de su parte. Junto a todas las divisiones sociales existentes, una más se crea y suma, ahora entre los ricos y pobres de información. El llamado a las empresas de telecomunicación a ser forzadas a entregar o proveer un acceso universal a la superestructura de la información son denunciadas, en revistas como Wired, como enemigas del progreso. ¿El progreso de quiénes?

El camarero tonto

Como señaló Hegel, la tragedia del amo es no poder escapar de la dependencia del esclavo. Los blancos ricos y californianos necesitan a sus compañeros de piel oscura para trabajar en sus fábricas, cosechar sus cultivos, cuidar a sus hijos y atender su jardines. Imposibilitados de entregar su fortuna y poder, los blancos californianos pueden encontrar consuelo en su adoración a la tecnología. Si los esclavos humanos son en última instancia no confiables, entonces los mecánicos deberán ser inventados. La búsqueda del Santo Grial de la Inteligencia Artificial revela este deseo por el Golem, ese leal y fuerte esclavo cuyo color de piel es el de la tierra y sus tripas de arena. Los tecno utópicos imaginan que es posible obtener labor cuasi esclava de las máquinas inanimadas. Aún así, la tecnología podrá amplificar o almacenar el trabajo, pero no podrá nunca remover la necesidad de los humanos de inventar, construir y mantener a las máquinas en primer lugar. El trabajo esclavo no puede obtenerse sin alguien esclavizado. En su propiedad en Monticello, Jefferson inventó muchos artilugios ingeniosos, incluido un “camarero tonto” para mediar el contacto con sus esclavos. A finales del siglo XX, no nos sorprende que este liberal dueño de esclavos es el héroe de quiénes proclaman libertad mientras denigran y niegan a sus compañeros ciudadanos de piel oscura sus derechos inalienables.

Hipotecando el futuro

Los profetas de la Ideología Californiana argumentan que solo los flujos cibernéticos y los remolinos del libre mercado y las comunicaciones globales determinarán el futuro. El debate político, por lo tanto, es un desperdicio de aliento. Como libertarios, aseguran que la voluntad de las personas, mediadas por un gobierno democrático, es una herejía peligrosa que interfiere con la libertad natural y eficiente de acumular propiedad. Como deterministas tecnológicos, creen que las ataduras sociales y sentimentales obstruyen la eficiente evolución de la máquina. Abandonar la democracia y la solidaridad social, en la Ideología Californiana los sueños de un nirvana digital solo son habitados por liberales psicópatas.

Existen alternativas

A pesar de su supuesta universalidad, la ideología californiana fue desarrollada por un grupo de personas viviendo en un país específico siguiendo una decisión particular de desarrollos socioeconómicos y tecnológicos. Esta mezcla ecléctica de economistas conservadores y libertarios hippies refleja la historia de la Costa Oeste – y no el inevitable futuro del resto del mundo. Los ideólogos de la alta tecnología proclaman que sólo existe un camino. Sin embargo, el debate nunca ha sido más necesario y posible. El modelo californiano es sólo uno dentro de muchos.

Dentro de la Unión Europa, la reciente historia de Francia provee pruebas y ejemplos de que es posible una intervención estatal junto a competencia de mercado para nutrir nuevas tecnologías y asegurarse que sus beneficios sean difundidos en toda la población.

Siguiendo la victoria de los Jacobinos sobre sus opositores liberales en 192, la república democrática de Francia se convirtió en la encarnación de la “voluntad popular”. Como tal, el estado intentó representar todos los intereses de los ciudadanos más que proteger los derechos de los propietarios individuales. La revolución francesa fue más allá del liberalismo a democracia. Envalentonada por la legitimidad popular, el gobierno pueden influir en el desarrollo industrial

Por ejemplo, la red MINITEL construyó su masa crítica de usuarios a través de una empresa de telecomunicaciones nacionalizada dando gratis las terminales. Una vez creado el mercado, los proveedores comerciales y comunitarios pudieron encontrar los suficientes clientes para prosperar. Tomando la experiencia francesa, parecería obvio que los europeos y cuerpos nacionales deberían ejercitar un control dirigido de forma regular, realizar inversiones, y dirigir más desde el estado el desarrollo de la hipermedia, antes que retirarse.

La Ideología Californiana rechaza la noción de comunidad y progreso social, y busca encadenar la humanidad a las rocas del fatalismo económico y tecnológico. Hace un tiempo, unos hippies de la costa oeste jugaron un rol central en la creación de una visión sobre la liberación social. Como consecuencia, el feminismo, la cultura alrededor de las drogas, la liberación gay, y las identidades étnicas han dejado de ser un tema marginal desde 1960. Irónicamente, en estos momentos California se ha convertido en el centro de la ideología que niega la relevancia de los nuevos sujetos sociales.

Es necesario para nosotros asegurarnos de nuestro propio futuro. Luego de 20 años, necesitamos rechazar una vez y por todas la pérdida de nervios expresada por el posmodernismo. Podemos hacer más que “jugar con las piezas” creadas por las vanguardias del pasado.

Necesitamos debatir que tipo de hipermedia se ajusta a la visión de nuestra sociedad – como creamos productos interactivos y servicios online que deseamos usar, el tipo de computadoras que nos gustan y el software que encontramos más útil. Debemos encontrar maneras de pensar social y políticamente las máquinas que desarrollaremos. Mientras aprendemos de la actitud del “puedo-hacerlo” de los individualistas californianos, debemos también reconocer que el potencial de la hipermedia nunca podrá ser alcanzado a través de la fuerzas del mercado. Necesitamos una economía que pueda liberar los poderes creativos de los artesanos de la alta tecnología. Sólo así podremos alcanzar de forma completa las oportunidades prometeicas de la hipermedia a medida que la humanidades se dirige a la próxima etapa de la modernidad.

Richard Barbrook y Andy Cameron son miembros del Hypermedia Research Centre, Universidad de Westminster

http://www.hrc.wmin.ac.uk/
eBook: 
FileC1 The Californian Ideology.docx_.epub
FileC1 The Californian Ideology.docx_.mobi
Anthology: Proud to be Flesh

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