El fin de mi amor por internet

Traducción en conjunto con Ariana Atala de la nota publicada por Avery Erwin en la sección IDEAS de Quartz: How I fell out of love with the internet.

Una ruptura compuesta de 16 cartas.

1. Enamorarme de internet

Recibís un CD gratis en el correo. Instalás los drivers. Corrés los instaladores. Ejecutás un programa de escritorio de tres letras que se quemará a fuego en tu mente más rápido que tus iniciales. Creás una dirección electrónica a partir de una combinación de un apodo, número de la suerte, referencia musical y convertida a un juego de palabras. Escuchás el sonido metálico proveniente de la colisión de mil millones de almas en el ciberespacio. Te conectás. 

Creás tu perfil. En “estado civil” agregás que estás casado a una famosa a la que obviamente nunca te cruzaste en tu vida. Cambiás el color de la fuente a verde neón y el fondo a azul oscuro. Le hablás a chicas que nunca le hablarías en la escuela: sobre la última película que viste, los sueños de tu vida y que tan molestos son tus hermanos. La espera a que te respondan genera una ansiedad que nunca sentiste en tu vida. En el momento que contestan recibís una dosis de dopamina directo a tu cerebro reptialiano. Te cruzás a estas chicas en la escuela y sentís la electricidad en el aire.

Aprendés un nuevo lenguaje más rápido que lo harías en la escuela. LOL, FTW y WTF. Entrás a las salas de chat y mentís sobre tu edad, sexo y ubicación. Sos quien querés ser.

Hay una sola condición: sólo podés conectarte a internet desde la computadora de escritorio, y tu familia sólo tiene una computadora para todos. Te peleás con tus hermanos por el tiempo en internet.

Tus amigos tratan de enviar mensajes vergonzantes desde tu dirección tales como “Me gustas”. Tirás literalmente del cable de red para interceptar estos mensajes. Pero a veces sólo pretendés que lo hacés para que tu amigo envíe efectivamente ese mensaje, porque en secreto, querés que lo haga.

Jugás al Doom, al Worms, al Counter y al Chat Roulette. Corrés del colectivo escolar al altar que armaste donde te dedicás a adorar a la web. Te convertís en una nuca para tus padres. Esperás los nuevos contenidos. El Failblog cada día. El posteo en Fotolog. Ver esas fotos y videos son como cambiar los ojos con cualquier persona del planeta. Te das cuenta que las personas del mundo son tan increíbles como estúpidas. Descargás una película por Torrent que aún está en los cines. Te preguntás como es posible tal hazaña. La mirás. Mirás porno. Le contás a tus amigos que encontraste algo increíble y que te has enamorado de internet.

2. Asustarme en internet.

Nada como asustarse con una película de terror. Asustado nivel crímenes de guerra. Nivel la Unidad 731 japonesa. Recordás que el mundo es un lugar donde abunda el terror y en internet también existen esos rincones que dan pánico. Pero también eso es lo que despierta tanta maravilla, podés experimentar todo, lo bueno y lo malo.

Por alguna razón, los sitios más horribles tienen los nombres más inocentes. Galletitas con leche. Carne y queso. Te turnás con tus amigos viendo las pasmosas y horribles fotos, adquiriendo una especie de destreza postraumática para hacerlo. Les confieso que vi cosas. En serio, realmente vi cosas. Este es el rito de paso para la puntocom. Ver Rotten. Pero también ver Nothing toxic y otras cosas non sacras. Ajustás tu mirada y te das cuenta que llegaste al fondo de internet.

Agarrás a tu amigo y le decís que no confíe cuando le digan “Dejame mostrarte algo”. Buscás el significado de NSFW. Te das cuenta que ese fondo al que llegaste, era sólo el borde del precipicio hacia el oscuro abismo de la web. Te das cuenta que hay una diferencia entre la World Wide Web e Internet. Que la web es un espacio pequeño y público dentro del vasto cosmos de internet. Te alejás del fondo de internet.

3. “Me gusta(n)” las personas en internet. Yo les “gusto”.

Dejás que internet te muestre caras. Te gustan las caras. Una cara vale más que mil palabras.

Empezás a ver las caras de todos a los que conocés en internet. Amigos de la escuela y parientes lejanos, incluso a tus profesores. Afortunadamente alguien se encarga de revisar internet para que no tengas que ver nada terrorífico en tu muro.

Ves las caras de un montón de personas que no conocés. Las caras de los ex de tu novia. Las de tu ex. Ni siquiera las buscás, solamente aparecen.

El lugar donde todas las caras se almacenan es llamado book, pero es más parecido a una pistola que te apunta directo a la cara. El book te muestra tantas caras.

Lentamente comenzás a sentir que internet es más superficial que antes. No hablás más con extraños sobre porque la izquierda es mejor y que harías en tus primeros 100 días como presidente. Te dedicás a mirar caras. Aparece una nueva opción que te permite clickear un botón y agregar que “Te gusta” algo. Podés megustear comentarios, nuevas conexiones y también las caras. Si las personas no gustan de tu cara, lastima tus sentimientos. Así que hacés lo que sea necesario para generar los megusta. Para sentirme lindo. Ahora paso más tiempo editando mis fotos, porque tus fotos, son tu vida. Recordá, ahora te has convertido en una nuca. Comenzás a fotografiar diferente, sabés que internet alimentará al mundo con tus fotos.

Todxs dominan el arte del megusta y nadie habla sobre como se sienten y hasta algunos irán muy lejos, al punto de decir que este pequeño botón arruinó internet.

4. Sostener internet en mi mano. Recableo mi cerebro.

Un hombre con una remera negra de cuello tortuga repitiendo tres palabras una y otra vez. Un iPod. Un celular. Un comunicador a internet. Pero solo está hablando de un dispositivo que marcó una época. Finalmente, te desencadenás del escritorio familiar. Llevás tu correo electrónico en tu bolsillo. Llevás la Biblioteca de Babel en tu bolsillo. Llevás más poder computacional en tu bolsillo que la misión Apolo que logró el alunizaje. Ahora somos móviles.

Usar internet al instante es lo más mágico que pudiste haber experimentado. Todo se vuelve más fácil, más inteligente. No necesitás de impresoras. Podés llevar tus pasajes en tu teléfono. Pagar las tarjetas de crédito. Ubicarte en el mapa. Sacarle una foto a tu licuado, subirlo a internet y compartirlo con tus amigos al instante. Gracias a Dios por esta internet en una caja, en mi smartphone.

Considerás que internet móvil tiene que ser un bien categórico para el mundo. Como la Imprenta de Gutenberg. Como las vías de trenes. Esta explotación de satélites, cables, servidores, módems y repetidoras no es nada menos que una explosión cámbrica. Ves las comunicaciones distribuirse. Ves la información surgida de las masas, esas masas que piensan más rápido y preciso que cualquier ser humano, esas masas que son un aliado increíble para estos tiempos tanto de peligro como celebración. Mirás a las masas usar las etiquetas o hashtags para registrar los avances de incendios. Mirás a las masas reproducir la Mona Lisa un píxel a la vez.

Ves que los teléfonos inteligentes salvan las vidas de personas que se perdieron en el medio de la noche. Los ves salvar a niños de la trata de personas. De terremotos. Incluso hasta reciben balazos.

Hay tantos milagros para ver en internet que te encontrás consumiéndolos en la parada del colectivo, el ascensor, la cafetería y ahora te estás por ir a dormir.

Sentís como tu cerebro cambia su cableado neuronal de tanto mirar, intercambiar, tocar, me gustear. Te sentís despierto las 24 horas del día, los 7 días de la semana. No estás durmiendo. Se siente en la nuca. Atendés a la app-ficación de todo, que te permite mirar, intercambiar, tocar y megustear aún más que antes. Más aplicaciones que no te dejan dormir. Una aplicación para saber si afuera es de noche. Una aplicación para ver cuánto tiempo podés apretar un botón. Una aplicación que simula tomar cerveza de tu teléfono.

Te preguntás de donde salieron todas estas adictivas micro tecnologías. Investigás. Descubrís que no todas vienen por desarrollos militares como los hornos microondas o las cámaras digitales, también están involucrados los casinos. Lees más y más sobre los casinos y el diseño de las máquinas tragamonedas y pensás: momento, quizá tenga una pequeña máquina traga monedas en mi bolsillo. Leés sobre estos adictos a las maquinitas que se pasan todo el día frente al tragamonedas para escapar de la triste realidad donde se gastaron todo su tiempo y dinero jugando. Esto es llamado escapar hacia atrás. Te das cuenta que lo único que hiciste desde que tocaste internet fue escapar hacia atrás.

Te das cuenta que tu teléfono inteligente no es un teléfono. El telefóno es sólo el 1% de una supercomputadora que entrega recompensas. El verdadero teléfono era una cosa con forma de banana bastante aburrida y su utilitarismo era invisible. Las personas sólo querían escuchar a la voz del otro lado. Pero el teléfono inteligente tiene una legión de diseñadores de productos detrás del negocio que son los KPI y el tiempo que pasan los usuarios en el dispositivo. Vos sólo querés el dispositivo. Y entonces sentís el golpe. Comenzás a sospechar que este teléfono inteligente es una especie de Caballo de Troya cultural para algo que nadie termina de entender muy bien. Y quizá ni siquiera la próxima generación lo pueda hacer.

Sentís como tu sentido de la atención se pudre. Tu ética también. Descubrís que todos tus asistentes digitales son femeninos porque los diseñadores de producto realizaron estudios y confirman que los usuarios se sienten más seguros diciéndole a una mujer que hacer.

La curación de vida vista en el Paso 3 ahora está en marcha. La megustaficación, más la movilización, más la appificación, más la máquina tragamonedas, más la optimización, más la marca y todo termina por enrollarse en una serie de plataformas digitales que te fuerzan a preguntarte sobre tu valor como ser humano. Sos likeable. Sos dateable. Sos intercambiable. ¿Sos al menos deseable?

Incluso las personas que están rotas por dentro se toman el tiempo de lucir hermosos en internet para que las personas hagan clic en ese botón.

“Muy bien, muy bien, muy bien…” decís en voz alta. Debés volver a tomar el control. Esto no es culpa de internet, internet es sólo una serie de protocolos. Esto es culpa de los ejecutivos, desarrolladores, diseñadores de producto y comerciantes que sólo piensan en ganar plata y han perdido la foto completa. Te acordás de esa clase en la facultad sobre Heidegger y la pregunta en relación a la tecnología… y qué carajo se preguntaba Heidegger…

Sin embargo, no vas a separarte de Internet. No sos una especie de neoludita. Te acordás que internet también salva vidas. Además, tratás de vivir sin ella por un día. No podés. Pero al menos vas a intentar liberarte de esos ciclos de dopamina de los cuales venís escapando a base de clics y megustas. Te lees un artículo de 75 minutos sobre como reconfigurar tu iPhone y lo compartís con todos los que conocés y amás, como si fuera la penicilina. Dios mío, aún no fue compartido lo suficiente. Debería ser contenido obligatorio en la escuela.

En el fondo, aún amás internet. Solo odiás la forma en que fue movilizada y armada.

5. Comenzás a sospechar de los buscadores.

Entendés que quién controla los buscadores controla internet. Mirás como el buscador único los domina a todos. El algortimo para los resultados de búsquedas es más secreto que la fórmula de la Coca Cola. Sólo los ingenieros que lo desarrollan saben exactamente cómo funciona. El buscador es tu interfaz a la realidad, y recordás tus alabanzas ante el altar de la web y que sos una mera nuca. Pero no tenés ni idea cómo se fabrica la realidad.

Hacés experimentos para descubrir cómo funciona el algoritmo. Jugás al Googlebombing. Lográs que el fanfarrón de tu amigo aparezca primero cada vez que las personas buscan “boludo sin talento”. Googlebombing es emocionante pero te desconcierta. Tenés el poder para distorsionar la realidad.

Mirás al buscador monopólico hacer cambios caprichosos a su algoritmo secreto. Mirás como personas y lugares desaparecen de las primeras páginas de resultados, que para todos los efectos es internet, porque ahora todos navegan más rápido.

Te das cuenta que países diferentes obtienen resultados diferentes. Te preguntás por qué el catálogo no es uniforme.  Descubrís que el buscador monopólico también ha usado su algoritmo para analizar material obtenido por los drones del Departamento de Defensa.

Lees “The Google Dilemma”, por James Grimmelman, y te das cuenta que su dilema es tu dilema. Te das cuenta que quien controla el buscador te controla a ti.

6. Descubrís que Facebook no es lo que parece.

Encontrás que debajo de la industria del Me Gusta se trama algo más. Facebook te usa como rata de laboratorio. Están usando tu muro de noticias para descubrir como reaccionas ante contenidos tanto positivos como negativos. Sólo una vez que la historia se conoce, te das cuenta porque tuviste ese horrible día la semana pasada. Se hace pesado pasar cada día sabiendo que alguien hace experimentos contigo. Pero rápidamente Facebook se disculpa, y aceptás sus disculpas.

Ahora descubrís que Facebook te usa como mercancía. Venden tus datos privados, tu información personal, tus conexiones y tus me gusta para una empresa de datos que te provee contenido dirigido que busca condicionar tu voto electoral. Ya tenías conocimiento del poder del contenido dirigido por el experimento de contagio a escala masiva. Te preguntás si realmente tenés agencia política o si sos un peón, un voto comprado. Facebook nuevamente pide disculpas, pero esta vez no perdonás tan fácil.

Entonces desactivas Facebook, pero no lo borrás. Hay demasiados recuerdos allí.

Descubrís que Facebook le permite a Netflix y a Spotify leer tus mensajes privados. Descubrís que Facebook usa los datos de tu ubicación para enviarte publicidad dirigida. Para torcer tu cuerpo. Buscás las patentes de Facebook. Encontrás una técnica que usa datos de las imágenes para detectar tus emociones y entregar contenido. Encontrás un método para generar emojis basado en análisis facial. Encontrás un sistema que aprovecha tu teléfono celular y TV para monitorear tus hábitos de consumo. Facebook nunca pedirá perdón por nada de esto. Es su modelo de negocios: observarte, mercantilizarte y venderte. Ahora vivir en Internet se parece mucho a vivir en un imperio. El imperio de Mark Zuckerberg.

Te desamigás de Facebook. Lo borrás de una vez por todas.

7. Descubrís lo que Snowden descubrió.

Descubrís que el libro de las caras, el buscador que domina todo y otra serie de empresas con marca en internet estuvieron participando en un programa a gran escala de vigilancia masiva para la NSA. Por años. Ni siquiera estás sorprendido. Te preguntás por qué un tipo sin fama, contratado por el gobierno, que tenía una hermosa vida en Hawaii entregó todo por delatarlos. Si, la NSA sabe todo sobre vos, pero no tenés nada que ocultar. La vigilancia de los gobiernos es un lugar tan común que incluso es un chiste.

Descubrís que tus empleadores y las aseguradoras también están mirando. Seguís estos pasos en tus redes sociales para mantener la póliza baja:

  • No subas fotos tuyas fumando.
  • Subí fotos tuyas corriendo.
  • Acercate a un gimnasio. Activá la ubicación de tu celular.

En realidad, dejá de fumar, comenza a correr y visita un gimnasio. Sé un ciudadano modelo.

Comenzás a dudar mientras navegás internet. Dudás en buscar temas polémicos, en hacer comentarios o chistes arriesgados a tus amigos. Lo último que te queda de autonomía te dice que esta auto vigilancia diaria está asentando un precedente peligroso. Recordás la idea de panóptico. Recordás el experimento de Facebook. Buscás experimentos de agencias de gobierno como Tuskegee y MKUltra. Amás a tu país, pero estos experimentos son demasiado. ¿Cómo te asegurás que internet no es un campo de pruebas?

Borrás todas las cuentas de redes sociales. Configurás la VPN. Te sentís esquizofrénico. Te preguntás si no sos un individuo objetivo.

8. Dejás que Internet infecte todo.

Tus zapatillas. Tu timbre. Tu aspiradora. Tu heladera. Tu colchón. Tu cepillo de dientes. Tu boca. Esto no es un ensayo. Seguís la cuenta @internetofshit. Nos reímos de todos estos objetos “inteligentes”. Dejás que la paranoia reemplace a tu risa. Te das cuenta que lo que no es simplemente inútil probablemente te esté vigilando y que el estado de vigilancia del Paso 7 se ha extendido hasta el último rincón de tu vida.

Te presentamos Babeyes. Grabamos los recuerdos desde el punto de vista de tu bebe.

Te presentamos InMan. La primera ducha autónoma.

Te presentamos Numi 2.0. El inodoro inteligente de experiencia inmersiva.

Ahora internet quiere ir con vos a todos lados, pero vos sólo querés un poco de privacidad. Salir de la red. Volver a tierra. Pero te das cuenta que no podés. Volvés arrastrándote.

9. Descubrís que internet es falsa.

Mirás como la publicidad se apodera de internet. Mirás como los avisos y ads pueblan tu bandeja de entrada. Mirás cosméticos y autos de lujo mientras el periodismo trata de comentar la crisis mundial de refugiados. Mirás como publicaciones ganadoras de un Pullitzer se suman al click bait. Mirás como tus héroes sucumben a los ingresos publicitarios. Sentís como su escritura se convierte en contenido.

Descubrís que más de un millón de cuentas de Facebook son falsas. Mirás a tu mamá subir una foto con un amigo que no tiene amigos. Te sentís mal por mamá que sólo quiere conectar con alguien pero se conecta con robots.

Descubrís las granjas de contenidos. Descubrís sobre las granjas de clics. Descubrís cuanto de internet en realidad es fake. Métricas. Negocios. Contenidos. Las personas. Todo falso. Todo fake. Es como el Club de la Pelea, solo que ahora comprás cosas que no necesitás con dinero que no tenés para impresionar a personas que ni siquiera existen.

10. Volver al fondo de internet. Buscar sentimientos.

Esta es una respuesta racional a una red que se ha achatado a base de publicidades, drones y falsedades. Naciste para sentir, no para clickear. Entonces volvés. Al fondo. Al principio. A tableros sin marca que no les importa si hacés clic o no. Son sólo lugares para las personas que quieren expresar sus sentimientos.

Encontrás historias increíblemente crudas, humanas, en el fondo de internet. Historias sobre accidentes en autos, amores perdidos y  fotos creídas perdidas, también recetas familiares. Estas historias toman una forma extraña, hasta poética que es única en internet. Todos esos sentimiendos, te das cuenta, podrían hacer sido imposibles sin internet.

Una vez más, me enamoro de internet.

Entonces mirás como estos foros anónimos y sin moderación se inundan de porno gore y propaganda neonazi. Ahora encontrar sentimientos es como encontrar una aguja en un pajar, que sólo hace que los sentimientos sean más poderosos cuando los encontrás, Pero comenzás a desgastarte como los moderadores de contenidos del Paso 2, porque ya viste demasiado. Te dije que te alejaras del fondo de internet.

Las corporaciones tratan de proveerte con sentimientos en la superficie de internet. Casi funcionan. El buscador que los domina a todos te entrega una publicidad en el Super Bowl que te recuerda cuando entraste a internet por primera vez. Querés volver. Pero no podés. Sabés demasiado.

11. Descubrís lo frágil que es internet.

Mirás como familias se congelan porque su termostato “smart falló. Mirás bicicletas Smart fallar. Autos Smart fallar. Siria pierde su conexión internet. Entonces Assad culpa a los rebeldes. Y los rebeldes culpan a Assad. El soplón del Paso 7 culpa a la NSA. Mirás como Rusia apaga a Ucrania. Mirás a una mujer de 75 años cortar internet en Armenia con sólo una pala.

Lees el artículo de David Gilbertson sobre como “Cómo se roban los números de las tarjetas de crédito y contraseñas de tu sitio”. Lo leés con la mandíbula por el suelo. Leés de la mujer que sucumbió ante la paranoia absoluta porque usuarios anónimos usaban su vida digital en contra de ella. Leés del trabajo en el banco por mil millones de dólares y como los hackers plantaron malware en nuestro sistema bancario mundial.

Leés sobre la granja de servidores en el fondo del océano. Pensás que bien, es más barato y seguro. Recordás que el dueño es una sóla gran corporación. Mirás como un ingeniero ejecuta un comando e interrumpe a la Nube.

No sentís nada. Ya escuchaste mil veces sobre estas tácticas del miedo. Sentís que una cosa que creaste desaparece de internet y decidís que es suficiente.

12. Descubrís que la web no es mundial.

Descubrís que las enormes galaxias de usuarios de Twitter no tienen casi contacto entre ellos. Descubrís que si vas a prisión perdés el derecho a una conexión a internet. Descubrís cuantas personas ni siquiera han tocado internet: 3.400 mil millones.

Recordás ese paper que todos mencionan sobre las personas aleatorias ayudando a otras a buscar trabajos en Boston. “El poder de los lazos débiles”. Te preguntas por qué internet no aprovecha los lazos débiles, por qué te encerró en una cámara de eco. Simplemente conectar, según el gran libro. Pero no podés. Te preguntás que pasó con Internet.

13. Descubrís que le pasó a la columna de internet.

Comenzás la búsqueda de tu vida entre documentos gubernamentales, artículos académicos, escuchas en comités y laberintos de acrónimos para personas, lugares, políticas y protocolos que nunca podrás distinguir. ARPANET y NSFNET y AUP y NAP e IXP e ISP e ICANN y FTC. Aparecés frente a PDFs cerrados y páginas con el error 404. Sentís que estás tratando de excavar algo que alguien no quiere que excaves. 

Descubrís que internet tiene una columna, una infraestructura literal que mueve los datos. La misma fue construida sobre las redes telegráficas. Descubrís que hace un tiempo esta columna era de dominio público. Descubrís un acuerdo a cuarto cerrado. Descubrís que hace unos años, mientras jugabas al Doom o al Worms y tus padres celebraban el final de la Guerra Fría, la Fundación Nacional de Ciencia vendía la columna de internet a un oligopolio de cinco empresas, algunas de ellas ya dueñas de las líneas telefónicas. Sin condiciones. Las empresas podían cobrar el acceso, contenidos de canal, hacer acuerdos y hacer funcionar internet de la manera que ellos quisieran. Podés reconocer algunos de los nombres de estas empresas en la barra de señal de tu celular, en tu módem o las antenas que hay en el techo de tu edificio.

Sentís ese efecto de cámara por Hitchcock cuando el plano se hunde pero la cámara se aleja. Todo tiene sentido. Internet nunca fue realmente tuyo.

14. Conformarse con la Internet de las Chotas.

Sonreís al video de regreso que te muestra Facebook. Te reís del contenido fake de las cuentas de Twitter. Te relajás en tu casa inteligente, con tu heladera inteligente y tu colchón inteligente. Aceptás que la Internet de la Chotas* es nuestra condición sobre la tierra y que estarás atado a esta relación abusiva por el resto de tu vida. En realidad más que eso. Recordás ese test casero de ADN que te dió el buscador que los domina a todos. Pensás en tus datos genéticos y cómo las aseguradoras en el futuro la usarán como ventaja contra tus hijes. Pensás en el dominio donde alojás tus acusaciones contra internet y cuándo caducará. Pensás en el terror combinado de la permanencia y el olvido.

Silenciás los demonios de tu cabeza con los sleepcasts de tu teléfono inteligente. Te mantenés despierto toda la noche escroleando a lo largo de la variedad de contenidos para dormir de tu celular. Escapás hacia atrás.

Reconocés que sería una vergüenza extender esta internet de mierda al espacio profundo. Dudás que alguien pueda arreglar este lío a mitad de vuelo. Demandaría a todas las personas del planeta.

15. Descubrís que internet va a rehabilitación

Descubrís que alguien sostiene una intervención para internet. Descubrís que son miles. Descubrís una resistencia subterránea que se ha reunido por décadas.

Te encontrás con un paper técnico de un individuo o grupo de individuos bajo un seudónimo. Te das cuenta que están hablando de mucho más que dinero electrónico. Están hablando de recuperar la columna de internet.

Mirás como el paper inicia un movimiento. Mirás como ese paper inicia otro paper. Mirás como las personas surgen bajo diferentes banderas. Crypto. Anarchy. Web3. Decentralization. DLTs. DAGs. Blockchains. Autonomous blockchains. Algunos dicente que internet se sentirá y verá igual, sólo con mejores cañerías. Otros dicen que será diferente. Entonces deséas que sea diferente, porque ya no confías en nada de lo que sucede en internet. Es difícil saber quién la curará y quién solo la perpetuará.

Mirás a equipos prototipar. A profetas predicar. Bombeos. Explotan burbujas. Mirás naves de desarrollo. Ves progreso. Querés creer en este movimiento pero quizá sólo sea internet generándote sentimientos para luego romper tu corazón una vez más.

Te frustrás por el ritmo del movimiento. Esperas las actualizaciones de red. Esperás a que escale. La interoperabilidad. A que sea móvil. Usable. Seguís esperando. Visitás el cementario de blockchain. ¿Dónde está mi nueva internet? te preguntás. Reconocés que estas personas están tratando de arreglar la máquina más grande creada por la humanidad.

Lees un mensaje del futuro que cuestiona la dirección del movimiento entero. Te das cuenta que tenés que tomar una decisión.

16. Unirse a la resistencia.

Unirse a la resistencia sabiendo que no tenés certezas de si estás construyendo Skynet o destruyéndola. Unirte sabiendo que las personas que entregaron la columna de internet pensaron que también la estaban salvando. Unirte sabiendo que una vez que  liberás una cripto fuerte, no puede ser puesta nuevamente en la lámpara. Unirte aún sabiendo que muchos dirán que ya falló. Unirte porque creés que hay destino en lo que haremos.

Hablá con alguien sobre como internet te rompió el corazón. Compartí tu dolor en @internetofshit. Lee la primera ola de investigaciones sobre el efecto de Facebook sobre nuestra salud mental. Propagá el movimiento #UnfriendFacebook. Salvá en tus destacados la guía de Mozilla para productos siniestros. Descargá el navegador Brave. Sumá un pedido por la Enmienda para la Libertad de Información. Leé el libro de Blum sobre internet. Encontrá quién maneja la columna vertebral de internet. Elegí un proyecto que no sucumba a la internet de mierda. Aprendé Ethereum. Interoperá. Apreciá los lazos débiles. Construí una columna de internet que sea para las personas, por las personas. Publicá tus quejas por Internet en IPFS, para que nadie pueda olvidar lo mal que se pusieron las cosas.

Date cuenta que fue peligroso enamorarse de Internet. Nunca supiste que había tanto bagaje, tanto bagaje desde antes de que nacieras. Sabés que te mereces algo mejor. Sabés que podemos hacerlo mejor.

Este artículo se publicó originalmente en ConsenSys Media. Ilustración por Austen Claire.

*Internet de las Chotas lo pensamos como juego de la palabra Internet de la Cosas. Originalmente usamos Internet de Mierda, pero corría la idea hacia un mal funcionamiento, y la búsqueda es otra.

 

 

 

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s